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18 ago 2019

“Mi nombre es Greta Godoy” (Berta Bernad)

(Leído entre mayo y junio de 2019)
(Fuente: Elaboración propia).
Mi nombre es Greta Godoy es la novela con la que debuta Berta Bernad (Madrid, 1988) en el mundo editorial tradicional siendo representada por una agencia literaria: Editabundo. Planeta la publicó el 9 de abril de 2019. Se trata de una edición en tapas duras con sobrecubierta que cuesta 18,50 euros mientras que el e-book cuesta 10,99 euros. Tiene 384 páginas y 42 páginas.

Atractiva campaña de lanzamiento de la novela que hoy reseño. El diseño de la imagen publicitaria, la novela y las palabras elegidas impactan. (Fuente: https://twitter.com/EditabundoA/media). 
Mi nombre es Greta Godoy es un New Adult actual, bastante autobiográfico y arriesgado por ir contracorriente. Berta Bernad noveliza su propia experiencia como instragrammer, pero también parte de lo que está aprendiendo de la desconexión digital. Muestra al lector los inicios de una recién licenciada en Periodismo en Instagram y cómo poco a poco su vida acaba girando alrededor de esta red social. Greta Godoy es una joven de unos 23 años que en pocas semanas consigue un gran número de seguidores y se convierte en una influencer. Lo que más me ha gustado de esta novela es cómo Berta Bernad muestra los claroscuros de tener una vida tan expuesta en la que vendes tu intimidad personal y sentimental, la adicción en la que podemos caer por el uso que hacemos de las redes sociales y las reflexiones de Greta Godoy sobre Instagram y el fenómeno influencer.
Admiro a Berta Bernad si la escritura de esta novela le ha servido como terapia y como una manera de reencontrarse a sí misma. Sin embargo, no me ha convencido que la carrera de Greta Godoy como instagrammer haya ha durado poco más de dos años. Hubiese agradecido un margen de tiempo algo más largo y no tan centrado en la inmediatez y en narrar sólo en lo que hacen los personajes sin profundizar un poco en esas situaciones. Tampoco me ha gustado demasiado el cambio tan radical en la protagonista tras abandonar Instagram. Esto último me ha parecido demasiado brusco y que apenas tiene relación con lo que narra la novela que hoy reseño.
El estilo de Berta Bernad es sencillo y entretenido. La novela está bien escrita y la edición está bastante pulida. El lenguaje es coloquial y cercano. Todo esto es una buena carta de presentación de la autora. El público objetivo de Mi nombre es Greta Godoy son los adolescentes y universitarios que quizá sueñan con triunfar como influencers. Seguramente sea ese el motivo de que haya notado un desarrollo algo superficial de los personajes y yo hubiese agradecido un desarrollo de éstos algo más profundo, al igual que hubiese sido interesante conocer a la protagonista en los veintitantos y que reflejase así a una chica nacida en los años 80 y no en los 90.
Entre las referencias culturales que encontramos en Mi nombre es Greta Godoy podemos citar: Google, WhatsApp Lana del Rey, Facebook, Paul McCartney, Zara, Vogue, Gucci, Alexa Chung, Topshop, Skype, Downton Abbey, Chiara Ferragni, The Blonde Salad, The New York Times, Levi’s 501, Uber, Vivienne Westwood, Burberry, Mario Testino, Cara Delevigne, la película de El diablo viste de Prada, El Padrino, Calvin Klein, The O.C., Apple, YouTube, Indiana Jones, Juan Luis Guerra, Snapchat, Love Actually, Murakami, Cristiano Ronaldo, el periódico Clarín, Dime quién soy de Julia Navarro, El Barco de Vapor, Albert Camus, Dolores Redondo, Alejandro Sanz, Evita Perón o Borges.
Mi nombre es Greta Godoy se desarrolla entre Londres, Nueva York y Buenos Aires entre septiembre de 2014 y algún momento del año 2017. Durante algunos capítulos viajamos junto a la protagonista a Madrid, a una playa de Cantabria y a Los Hamptons. También se mencionan Santander, San Francisco, Milán, París, Pekín, Los Ángeles, Melbourne, Oxford y Roma, entre otros lugares.


Valoración “Mi nombre es Greta Godoy” (Berta Bernad):
8,5/10


Otras reseñas interesantes de Mi nombre es Greta Godoy:
-          https://www.sweetparanoia.com/mi-nombre-es-greta-godoy-berta-bernad/ (Publicada el 23 de mayo de 2019)
-          https://saraalectora.blogspot.com/2019/07/mi-nombre-es-greta-godoy-berta-bernad.html (Publicada el 12 de julio de 2019)

Videoreseña interesante de Mi nombre Greta Godoy:

25 abr 2019

Asesoría en la contextualización histórica de ensayos y obras literarias


Entre la escritura del primer borrador de una obra literaria o un ensayo y su publicación hay mucho trabajo, y lo ideal sería que interviniesen diferentes profesionales. Entre ellos están el asesoramiento al autor y la corrección del manuscrito, siendo los más habituales la “Asesoría literaria” y la corrección de estilo y ortotipográfica.
Los correctores profesionales suelen ser licenciados o graduados en alguna Filología como Abril Camino, Periodismo como Laia Soler o Traducción e Interpretación como Gemma Beltrán. La primera se declara una apasionada de la Gramática y la Ortografía, tiene más de 10 años de experiencia profesional corrigiendo textos y entre sus servicios incluye la “Corrección de estructura”, también conocida como Editing. También hay otros correctores con otras licenciaturas que pueden ayudar al escritor a pulir y enriquecer las personalidades, emociones y sentimientos como Érika Gael, que es licenciada en Psicología. En ninguna de las páginas web de correctores que he encontrado e investigado, he leído que corrijan detalles de contextualización de novelas o ensayos, ni siquiera en los de temática histórica donde ésta es tan importante.
Soy licenciada en Historia, poseo un Máster en Arqueología y siempre he tendido a contextualizar cualquier acontecimiento, incluidos los personales. Desde que abrí este blog en junio de 2012, siempre he comentado en mis reseñas los detalles relacionados con la contextualización de las tramas, y las edades y trayectorias personales y profesionales de los personajes. He señalado tanto los fallos como los buenos trabajos en ese aspecto en escritores como Antonio Puente Mayor, Victoria Álvarez o Marta Gracia Pons.
Lo más fácil y cómodo para un historiador es trabajar junto a un autor en novelas históricas, pero en las contemporáneas también es necesario prestar atención a estos detalles y me he leído más de una novela donde estos aspectos se han descuidado. Entiendo por novelas contemporáneas aquellas escritas en la última década y cuyas tramas se ambienten a partir de 1975. Voy a ilustrar esta entrada con posibles situaciones y en cada una de ellas encontraréis ejemplos de novelas contemporáneas, históricas o híbridas de autores españoles.
Una incoherencia temporal que me llamó bastante la atención es la que muestro en esta imagen. A mí el diseño de la cubierta me parece bastante bonito y me transmite la idea de que en su interior me voy a encontrar una novela ambientada en la actualidad o en los años 90. Sin embargo, la trama se ambienta en los años 20. Es un pequeño error que la autora (Romina Naranjo), su editora (Esther Sanz) y el ilustrador (Luis Tinoco) podrían haber evitado si se hubiesen asesorado por un historiador. (Fuente: http://titania.org/es-ES/catalogo/catalogo/al_pie_de_la_montana-500000381?id=500000381). 
Una de las incongruencias en referencias cronológicas y a las edades y trayectorias profesionales más llamativas me la encontré en Herbarium de Anna Casanovas, novela ganadora de la segunda edición del Premio Titania. Durante su lectura hice muchos cálculos mentales, reflexioné mucho y no entendí que en sólo 5 años y con menos de 30 años alguien consiguiese tantísimo prestigio académico en la Universidad de Oxford y habiendo sufrido una importante amnesia y habiendo estado incapacitado durante meses. También he encontrado este tipo de errores en otras novelas como Recuerdos de un instante de Tania López o la pentalogía de Los chicos del calendario de Candela Ríos donde lo que más llama la atención es el baile de fechas.
La siguiente situación que quiero comentar es el de novelas bien contextualizadas en la sociedad en la que sitúan la trama. En ellas también encontramos ciertas referencias políticas y socioeconómicas, y no sólo culturales. Ilustro esto con una novela que se publicará en pocos días y que es una apuesta arriesgada de la editora de Titania. He leído el avance que la editorial ha publicado en su página web y me ha parecido original la contextualización introductoria en algunos capítulos. Hasta ahora no había visto algo así en ninguna novela. También llama la atención el que el índice de la misma sea una Playlist donde predomina la música española, ya que la novela se ambienta en Salamanca. Es un New Adult que se desmarca del que hasta ahora había publicado esta editorial y donde sólo encontrabas novelas ambientadas en los Estados Unidos, y donde sus autoras (Alice Kellen, María Martínez o Elena Castillo Castro) sólo mencionaban referencias culturales de dicho país y casi siempre las mismas. 
Otra novela que me gustaría destacar por una contextualización cuidada y bien trabajada es la de Una erasmus en Bruselas de Alfredo Escardino. Es una buena opción para conocer mejor la compleja situación política que se vivió en Europa a finales de los años 80. Es la época de la Europa de los 12 previa a la caída del muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética, Checoslovaquia y Yugoslavia. También es interesante esta novela porque muestra como fue la Erasmus en sus primeros años (1988) y las referencias socioculturales y tecnológicas de la época. Es curioso conocer cómo se vivía esta experiencia universitaria sin móviles, Internet y redes sociales.
Otra situación que me gustaría destacar en esta entrada es la situación por la que están optando algunos jóvenes autores españoles nacidos en la década de los 80. Me refiero a la dificultad de intentar retratar la complejidad de la juventud occidental de principios del siglo XXI a través de novelas cercanas, cotidianas y cierto toque costumbrista. Ojalá este tipo de novelas se conviertan en fuentes de estudio para los historiadores del futuro como lo son en la actualidad clásicos como Orgullo y prejuicio de Jane Austen o Mujercitas de Louisa May Alcott, aunque muchos historiadores sientan cierto rechazo a considerarlas como fuentes. Las novelas que ilustran esta breve explicación están basadas en experiencias de los propios autores: una experiencia Erasmus con presencia de móviles y redes sociales en el caso de la de Carlos Carranza (1989), el trabajo de un autónomo a través de una correctora freelance en el de Estefanía Yepes (1988) o el de una adicción a las redes sociales y la desintoxicación digital en el de Berta Bernad (1988). (Fuente: Elaboración propia).
Me gustaría terminar esta entrada comentando que no soy partidaria de la presencia de notas a pie de página en las novelas, salvo en los clásicos. La última novela de Anna Casanovas (Buenas intenciones) está llena de ellas y creo que hubiese sido mejor un apéndice al final de la misma. Se trata de un recurso habitual en las novelas históricas, lo que permite al autor explayarse con las explicaciones históricas y de contextualización, y que a mí me suelen aburrir. El único que me ha gustado por su originalidad y cercanía en el planteamiento es el de El testamento de Santa Teresa, donde el autor lo ha abordado desde su propia experiencia. La protagonista de la trama del presente de esta última también es un personaje interesante, ya que le ha permitido a su autor trasladar parte de su experiencia como estudiante de doctorado y narrar de una manera amena la aridez de una investigación predoctoral y su metodología.

9 abr 2019

Reflexiones de una bloguera treinteañera


La entrada de hoy surge de un extenso comentario que le dejé ayer por la tarde a Cristina Anguita en su entrada “Noveno aniversario del blog: tiempo de cambios”. Su blog es Devoradora de libros (Cuaderno de lecturas) y lo descubrí hace casi 7 años, unas semanas antes de abrir el mío. Aún hoy sigue siendo una de mis bitácoras de referencia, junto con el de Gabriella Campbell. Ambas me parecen un ejemplo a seguir, ya que la mayoría de los blogs que he descubierto estos años no suelen superar el lustro.
Las reflexiones y conclusiones de Cristina Anguita como bloguera literaria me han hecho reflexionar sobre mi trayectoria en el blog y las redes sociales. He cambiado mucho desde mis 20 años cuando estaba en Fotolog y contaba a diario como era mi día a día en la facultad dando quizás más información personal de la necesaria y desde los 25 cuando con timidez y mucha inseguridad abrí este blog. Mis dos últimos años están siendo muy significativos, ya que están siendo meses de cambios importantes en lo personal y de reencontrarme y redescubrirme. Mi impresión actual de las redes sociales también está cambiando mucho y éstas cada vez me cansan, saturan y estresan más. He descartado Instagram a pesar de que me lo hayan sugerido porque no me termina de convencer. No aspiro a ser influencer, aunque reconozco que me gusta informarme sobre el tema, pero siempre buscando una perspectiva crítica y diferente a lo que abunda en redes sociales.
En los últimos años he caído en la tiranía de las novedades, la inmediatez y los géneros que más ruido hacen en la blogosfera: la Literatura Juvenil y la Novela Romántica. Con el tiempo me he acomodado y a la larga he entrado en una crisis lectora debido a la presión de la inmediatez, la saturación de determinadas novedades y la decepción que me he llevado con ciertos autores nacionales. No me gusta que estos dos géneros citados estén llenos de tópicos, romanticen ciertas situaciones tóxicas, que apenas innoven y que hayan normalizado el uso del lenguaje obsceno dentro de las tramas. Me he hartado de sentirme incómoda leyendo ciertas actitudes de los personajes y cierto lenguaje vulgar, y de ser de las pocas blogueras que se siente libre de denunciar estos detalles en sus reseñas, aunque siempre intentando no herir el ego del autor.
Necesito volver a mis orígenes y recuperar mi gusto lector por los Clásicos y la novela policíaca. No quiero dejar de leer Juvenil y Romántica porque he leído novelas que merecen mucho la pena, pero quiero ser más selectiva. Intentaré darle una oportunidad sólo a aquellas novelas que creo que me puedan enriquecer en alguna medida y cuyos autores innoven en algún aspecto: la apuesta por la elegancia y la insinuación del lenguaje erótico más clásico de Estefanía Yepes (1988) en El último llanto de los delfines, una trama arriesgada e intimista que cuestione ideas preconcebidas de nuestra sociedad como hace Abril Camino (1980) en Imposible canción de amor o una ex influencer que novelice su propia experiencia de abandonar las redes sociales para centrarse en las relaciones cara a cara. No dejaré de estar pendiente de las novedades, pero siempre he sido más partidaria de la calidad que de la cantidad y esto es algo que en los últimos años se ha perdido.

Interesante apuesta editorial de Editabundo y Planeta. Buscad la sinopsis y leed las primeras páginas. Sólo leerla, ya te hace reflexionar. Parece un buen reflejo de la complejidad de mi generación, su particular relación con las redes sociales y la importancia que para algunos está teniendo la necesidad de cierta desconexión digital. Somos una generación que descubrió las redes sociales en su etapa universitaria, las usó para compartir su vida como si fuese un diario o se estuviese tomando un café con sus amigos y se olvidó de tener una comunicación y unas relaciones más analógicas, además de proteger su intimidad personal, familiar y sentimental. A mí me ha llamado la atención y me ha hecho buscar información sobre su autora. Berta Bernad (1988) me parece una joven  cercana, arriesgada e inspiradora, al menos es la impresión que me ha dado al leer su biografía y la última entrevista que ha concedido a Vogue: https://www.vogue.es/living/articulos/berta-bernad-influencer-primera-novela-mi-nombre-es-greta-godoy-2019/39900. (Fuente: https://www.facebook.com/1504228139711536/photos/a.1508186202649063/1508186769315673/?type=3&theater). 
Para terminar esta entrada me gustaría citar alguna de las consecuencias negativas que tienen las redes sociales y de las que apenas se hablan: la dependencia, el estrés, la soledad, la frustración y los problemas de autoestima y comunicación. Esto me ha llevado a tomar las siguientes decisiones: no mostrar mi vida personal, académica y profesional, salvo que esté relacionada con el blog y/o el proyecto Elena Velarde – Trabajo con textos; y priorizar las relaciones cara a cara y las telefónicas frente a las virtuales. Son decisiones que empecé a llevarlas a cabo de manera inconsciente hace ya algunos años y que ahora lo hago con consciencia tras experimentar sus beneficios.