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30 ene 2015

“Fangirl” (Rainbow Rowell)

(Leído en enero de 2015)
(Fuente: Elaboración propia)
Hoy reseño la tercera y última de mis compras del Día de las Librerías de 2014 (28/11/2014): http://pinceladasdeliteratura.blogspot.com.es/2014/12/mis-compras-del-dia-de-las-librerias.html. Ha sido mi primera lectura de 2015. Me esperaba más de ella, sobre todo por el flechazo al leer la sinopsis.
Fangirl es una novela juvenil que se enmarca dentro del subgénero Young Adult y que ha sido escrita por Rainbow Rowell. Se publicó en Estados Unidos en 2013 y en España el grupo editorial Alfaguara la publicó en octubre de 2014. Se trata de una edición en tapas blandas con solapas que cuesta 16,95 euros. Tiene 512 páginas y 38 capítulos divididos en dos partes: una correspondiente al semestre de otoño de 2011 y otra al semestre de primavera de  2012. La novela ha sido traducida por Victoria Simó.
Fangirl cumple con los requisitos propios de la Literatura Juvenil. Los protagonistas tienen 18 (Cath) y 21 años (Levi). La historia está contada en tercera persona desde el punto de vista de Cath. El lenguaje que se usa es coloquial aunque debo advertir de un detalle que me ha chocado, incluso diría que me ha molestado, y es el hecho de usar el género femenino en una palabra que es masculina como es fanfiction y su diminutivo fanfic.
La trama me ha parecido un poco lenta especialmente al principio y los personajes no me han caído muy bien con excepción de Levi. Creo que esperaba algo diferente y me he sentido un poco decepcionada. Ha habido momentos entre Cath y Levi que me han encantado.
La edición de la novela es curiosa al combinar la trama de la novela en sí con fragmentos de los libros y fanfictions de Simon Snow. Desde la primera página se ve claramente que Rainbow Rowell ha querido rendir homenaje y/o hacer su propia mini-versión del fenómeno Harry Potter intercalando ciertos elementos característicos de la saga de Crepúsculo. Creo que la autora podría haber explotado esta idea de una forma diferente aunque ha habido cosas que me han gustado como que el fanfiction que escribe Cath esté centrado en una pareja homosexual masculina. En líneas generales, no me ha convencido mucho este aspecto de la novela a pesar de que fue lo que hizo que la comprase y la leyese debido a que durante años he sido lectora de fanfictions de Harry Potter e, incluso, he intentado escribir mis propios fanfictions.
Fangirl se desarrolla durante el curso escolar 2011/2012 en el estado de Nebraska. Ha sido un gran descubrimiento como describe Rainbow Rowell un estado tan desconocido y que no suele salir en las novelas aunque a veces me ha dado la sensación de que ha caído en tópicos.

Valoración “Fangirl” (Rainbow Rowell):
6,8/10

Otra reseña interesante de Fangirl:

7 nov 2014

New Adult, ¿Literatura para universitarios?

No es la primera vez que hablo en el blog sobre lo que se conoce como Young Adult o New Adult, dos subgéneros muy recientes de la Literatura Juvenil que apenas tienen diferencias entre ellos y que en realidad son exactamente lo mismo. Yo englobaría a ambos bajo la denominación de Young Adult porque a nivel social y según que ámbitos (principalmente profesionales) somos jóvenes adultos más o menos hasta los 30.
Según las definiciones que he encontrado, el Young Adult está protagonizado por alumnos de Bachillerato y en sus novelas hay una mención implícita a las relaciones sexuales aunque puede que éstas ni existan. La mayoría de los temas duros y polémicos  en los que se centran estas tramas como pueden ser los embarazos no deseados en adolescentes o las borracheras de menores de edad durante el fin de semana siempre han estado más o menos presentes en las lecturas obligatorias de instituto desde hace al menos unos quince o veinte años. Es curioso que las escenas de sexo no hayan estado bien vistas en la Literatura Juvenil hasta hace unos años cuando ya a principios de los años 90 irrumpieron en la ficción televisiva para adolescentes con Sensación de vivir y que tuvo su versión española a partir del otoño de 1997 con series como Al salir de clase o Compañeros.
Ahora pasemos a ver qué es lo que se entiende por New Adult. Una expresión a la que no le veo ningún sentido en inglés y menos aún en español y que en realidad me parece una absurda subdivisión cuyo único objetivo creo que es especializar aún más a la Literatura Juvenil siguiendo el ejemplo de otros ámbitos académicos y profesionales y que es muy característico de la mentalidad americana. No olvidemos que New Adult es una expresión que surgió hará como mucho hace cinco años en los Estados Unidos, que está muy relacionado con el fenómeno de la autopublicación y que en líneas generales está representada por jóvenes escritoras nacidas en los años 80: Morgan Matson (Connecticut, 1981), Samantha Young (Escocia, 1986) o Alice Kellen (Valencia, 1989), quienes dan una visión más contemporánea y juvenil al chick-lit de finales de los 90, cuyas novelas se alejan cada vez más de lo que en realidad caracterizaba a este subgénero y que era representativo de jóvenes escritoras nacidas en los 70: Emily Giffin (Baltimore, 1972) o Lauren Weisberger (Pensilvania, 1977).
El New Adult se define como un subgénero de la Literatura Juvenil Romántica protagonizado por estudiantes universitarios que, gracias a trabajos de clase, prácticas laborales que son obligatorias para terminar la carrera, etcétera empiezan a hacer pequeñas y tímidas incorporaciones al mundo laboral y donde ya nos encontramos con relaciones sexuales explícitas. En estas novelas agradecería una visión más realista del ambiente universitario y que se atreviesen a tratar experiencias como la Erasmus, la beca Leonardo da Vinci o el paro juvenil, eso sí alejándose de los tópicos. En ellas suele haber alguna que otra escena que nos hace ver que los personajes van a clase, estudian… pero no dejan de ser escenarios relativamente aislados y casi sin importancia dentro de la trama principal. Estoy deseando descubrir como refleja Alice Kellen la vida universitaria en Llévame a cualquier lugar, cuya novela está teniendo tal éxito que la editorial Plataforma Neo ya está preparando su segunda edición.

En mi entrada titulada 27 años y lectora de juvenil ya reivindiqué que quería ver más presencia de personajes de veintitantos en la Literatura contemporánea y lo volví a hacer hace dos o tres semanas en Twitter donde tuve al respecto de esto una larga e interesante conversación con Lisa, administradora del blog Fantasy world especializado en Literatura romántica. Ésta surgió a raíz de un tuit en el que Lisa anunciaba que había reseñado Calle Jamaica de Samantha Young, la cual parece que refleja una realidad que está bastante olvidada por escritores y editores como es la representada por los jóvenes entre los 25 y los 32 años aproximadamente y que, sin embargo, he visto más o menos reflejada en algunos fanfictions AU de la saga Harry Potter como Londres (http://www.potterfics.com/historias/44045) o Volver a empezar (http://www.potterfics.com/historias/57096). 

11 ene 2013

Capítulo 9. "Claire Naranjo" ("Pinceladas al óleo")


"- ¿Cuándo se lo vas a decir? - Le preguntó Draco, que iba al volante, a Hermione.
- No le puedo ocultar que Claire es mi hija. - Dijo Hermione abatida.
- Pero también es suya. - Puntualizó Draco mientras aparcaba.
Ya no lloraba. Esa noche había derramado demasiadas lágrimas. Intuía que su huida y su necesidad de empezar desde cero se debía a su incapacidad de afrontar un embarazo a tan temprana edad. Lo abandonó todo sin saber que pensaba Ron.
- Temo la reacción que puedan tener Ginny, Harry y Ron cuando me vean aparecer con una niña de nueve años y les diga que es mi hija. - Dijo Hermione con la voz quebrada mientras se bajaba del coche y cerraba la puerta del copiloto.
- Se sorprenderán y no podrán evitar hacerte las preguntas más variopintas. - Dijo Draco que intentaba transmitirle serenidad a Hermione, a quien estrechó contra su cuerpo con un abrazo.
- ¿Y qué les respondo? - Inquirió Hermione cada vez más intranquila.
- La verdad.


Ginny había ido a casa de Natalia, una de las hermanas de Alejandro y Judith. No sabía si la iba a encontrar allí. Podía darse la casualidad de que ese domingo tuviese que trabajar en el hospital.
No hacía mcuho tiempo que Natalia se había licenciado en Medicina con uno de los mejores expedientes de su promoción y que había comenzado su residencia tras aprobar el "MIR". Desde hacía varios años mantenía una relación sentimiental con el profesor que le dio Anatomía en primero de carrera, el doctor Jordi Llorens i Fabra, quince años mayor que Natalia.
Le abrió Jordi. Lo observó y pensó que estaba delante de un hombre bastante atractivo. No era difícil adivinar que practicaba deporte con asiduidad. En su cabello color gris ceniza asomaban ya algunas canas y hacía varios días que no se afeitaba.
- Ignoraba que estuvieses en Sevilla. - Le dijo Natalia, que estaba delante del ordenador leyendo unos correos. - ¿Cuándo llegaste?
- Hace un par de días. - Contestó Ginny con una voz casi inaudible.
- Ahora podrás conocer a Judith y a Harry. - Dijo Natalia con júbilo y el rostro de Ginny se ensombreció.
- No sé cuando va a poder ver a Dima. - Intervino Jordi y a Natalia se le cambió la expresión facial. Se acababa de acordar de que Judith se había ido a Inglaterra.
- ¿Dónde están Alejandro y Maya? - Preguntó Natalia que intentaba olvidarse de su metedura de pata.
- En Londres. - Contestó Ginny.
- ¿Dónde te alojas? - Inquirió Natalia con curiosidad.
- En casa de tu hermana. - Respondió Ginny con un nudo en la garganta.
Natalia y Jordi se sorprendieron. No esperaban esa respuesta. Suponían que Ginny diría que estaba con los padres de Natalia. No pudieron sacarle más información porque entonces sonó el teléfono.
- Diga.
- ¡Hola, Natalia! - Saludó alguien al otro lado de la línea. - Soy Harry.
- ¡Ah! ¡Hola!
- ¿Tenéis algún plan para comer? - Preguntó Harry.
- No, - contestó Natalia que miró primero a Jordi y después a Ginny.
- ¿Por qué no os venís a casa?
- De acuerdo, - respondió Natalia sin pensar.


No podía dejar de pensar en Hermione. Sabía que tenía que luchar por ella pero antes debía romper su relación con Leysana.
Buscó su móvil. No se acordaba donde lo había dejado. De repente, vio un sobre cerrado encima de la cama. En él no había nada escrito. Dudó antes de abrirlo. Parecía contener una carta.
Mientras la leía, sonó el timbre. La dejó sobre la almohada y salió de la habitación al oír la voz de Hermione.
- ¿Quién es esta niña? - Inquirió Harry.
- Es mi hija. - Contestó Hermione que intentaba no derrumbarse.
- Bueno, yo me voy. - Dijo Draco mientras hacía girar el pomo de la puerta.
- Gracias, - murmuró Hermione y Draco le sonrió.
Al salir se cruzó con Ginny, Natalia y Jordi. Se extrañó pero decidió no preguntar, ya se lo contarían, y no le dio mayor importancia.
-¡Buenas! - Saludó Natalia al entrar por la puerta. - Soy Natalia, él es Jordi y ella es... - Añadió cuando vio a Ron, Hermione y Claire.
- Ginny Weasley, - puntualizó Ron. - La conozco. Soy uno de sus seis hermanos. Me llamo Ron. - Saludó con un par de besos en la mejilla a Natalia y a Ginny, y con un apretón de manos a Jordi.
- Yo soy Hermione Granger y ella es Claire Naranjo, mi hija. - Se presentño Hermione y siguió el ejemplo de Ron.
Natalia sintió como el vibraba el bolso.


- Tenía mucho miedo. - Confesó Hermione con lágrimas en los ojos mientras servía café a sus compañeros de sobremesa.
- ¿Ése fue el motivo por el que dejaste Inglaterra? - Inquirió Ginny.
- Abandoné mi vida, mis sueños... - Comentó Hermione con un tono de tristeza y miró a Ron que jugaba al ajedrez con el padre de Judith. - Además, no sabía si quería tenerlo.
- Eras casi una niña y es normal que estuvieses llena de dudas. - Intentó así Mariana, la madre de Judith, consolar a Hermione.
- No supe afrontarlo en su momento. - Dijo Hermione con angustia en la voz. - Me falto valor y huí.
- Ron habría renunciado a todo por ti y por Claire. - Dijo Harry que se bebió de un sorbo lo que le quedaba de café.


Aprovecharía su estancia en Sevilla para asistie a un curso, que se impartía en la Facultad de Filología a lo largo del mes de Mayo, acerca de las relaciones que existían entre los recursos literarios y pictóricos dentro de la literatura española e inglesa de los primeros años del Tercer Milenio. Terminaría con un encuentro de jóvenes investigadores donde en media hora podría exponer los resultados de la investigación sobre la que giraba su tesis doctoral.
Harry la acompañó hasta la facultad. Dejaron a Claire con Ron, ya que Ginny tenía cosas que hacer y no podía ocuparse de la pequeña. Así, padre e hija tendrían la oportunidad de empezar a conocerse aunque esa situación le producía incertidumbre a Hermione.
El curso la mantendría ocupada toda la mañana y por la tarde trabajaría con el portátil en casa de Harry. Asimismo, Harry aprovecharía para estudiar en la biblioteca entre clase y clase.
- ¡Hola! - Saludó una chica castaña de pelo largo y rizado a Harry y Hermione , quienes correspondieron al saludo. - Soy Martina. - Añadió al ver a Hermione a quien saludó con un par de besos en la mejilla al igual que hizo con Harry.
- Hermione, - dijo la mujer de ojos color miel.
- Voy a pedirme un café. - Comentó Martina que dejó la carpeta que llevaba entre los brazos sobre la mesa en la que estaban sentados Harry y Hermione. - Ahora vengo, - y se apresuró para llegar a la barra de la cafetería.
Hermione no sabía si preguntarle a Harry quién era esa tal Martina. Le pareció observar que Martina se ruborizó cuando vio a Harry y que sólo podía mirarle a los labios mientras humedecía los suyos.
- Es una buena amiga. - Dijo Harry, que parecía haber leído los pensamientos de Hermione, y a continuación le relató a grandes rasgos cómo la conoció, y cómo nació y creció su amistad.
Para Martina Harry era algo más que un compañero de clase con quien compartir apuntes y horas de estudio, era un amigo en el que podía confiar y que siempre estaría a su lado. Definir su relación con Harry como de amistad le rompía el corazón. Ella quería algo más pero sabía que, aunque luchase por él, nunca sería suyo. Sólo podía desearle a aquel joven de mirada verdosa que fuese muy feliz junto a Judith.
- He ido al despacho a buscar a Dima pero no la he encontrado. - Dijo Martina al llegar a la mesa con la taza de café en una mano y un vaso de agua en la otra.
- Está en Londres, - apuntó Harry.- Se le habrá olvidado comentarte que iba a estar unos días en Inglaterra por asuntos de trabajo.
- Harry, me voy, que ya llego un poco tarde. - Se disculpó Hermione. - Nos vemos luego para comer.


Recordó el día anterior en el callejón Diagon. en Hogwarts y en casa de los Weasley. ¿Por qué Harry se lo había ocultado? ¿Por qué Alejandro lo sabía y ella no?
Judith se encontraba ante un dilema. Creía conocer a Harry pero había descubierto que no sabía nada acerca de su pasado.
Hasta entonces nunca había sentido tantas curiosidad por el pasado de Harry ni tampoco tanta necesidad de llorar.
Ese primer beso en la escalinata de la Catedral era difícil de olvidar.


Jugaban al ajedrez. Observó sus gestos y le recordaron a los suyos. ¿Quién era el padre de Claire? No conocía a Leonardo ni a ninguno de los otros amigos que Hermione pudiese tener fuera de Hogwarts.
Se contaron sus vidas mientras desayunaban. En unos días cumpliría nueve años, por lo que Hermione se había quedado embarazada en el verano que dejaron Hogwarts. Coincidía en el tiempo con las vacaciones que pasaron en Ibiza y Malta, y las pocas semanas en las que compartieron un apartamento en Londres.
Sabía de estrategia y jugaba bien al ajedrez. Tenía talento y también algo de experiencia. No era la primera vez que jugaba.
Ojos color miel como su madre, cabellera lisa como Ginny Weasley y castaña como Hermione Granger. Eso no le ayudaría a saber si Claire era hija suya o no. Sospechaba que las semejanzas entre Claire y su padre tendrían que estar en la personalidad de la niña.
La partida estaba siendo larga como el día anterior con el padre de Judith. No tuvo oportunidad de poder jugar con Claire quien perdió. No quería que se alargase más. Se dejaría ganar.
Ron no sabía si preguntarle a Claire por su padre. Prefirió no hacerlo. No quería desilusionarse. Sentía a Claire como si fuese su propia hija.
Jaque mate."

Elena Velarde
Mayo - Julio 2006 (corregido en marzo de 2012)

9 ene 2013

Capítulo 8. "La magia existe" ("Pinceladas al óleo")


"Lupin le mostró un Londres que Judith nunca se imaginó que existiría. Quería demostrarle que la magia existía y que creyese en ella. Con brevedad le explicó lo que era el mundo mágico, quiénes eran los muggles, las diferencias de clase según el tipo de sangre y la vida de Harry en Hogwarts.
¿Por qué observaba la chimenea? No tenía nada que destacase. Había visto muchas otras de piedra iguales a ésa e, incluso, pudo observar que no la limpiaban con frecuencia. Pasó el dedo por el borde. En su interior aún había restos de cenizas de la última vez que la encendieron.
- Judith, toma. - Le ordenó Lupin y esparció unos polvos sobre la palma de la mano de Judith. - Observa lo que hace Bill.
- Gran Comedor de Hogwarts. - Dijo con voz decidida Bill Weasley, que estaba en el interior de la chimenea, y dejó caer los polvos sobre su cuerpo.
- Judith, ya sabes lo que tienes que hacer. - Dijo Lupin. - No tengas miedo. - Intentó tranquilizarla. - Dilo alto y claro. No seas un torbellino. - Le aconsejó. Lupin la miró a esos ojos tan llenos de dulzura, capaces de hacer derretir a los más gélidos corazones, y, a la vez, de tanta fuerza como los de Lily Evans. Era como si el tiempo se hubiese detenido treinta años y la vida le estuviese dando una segunda oportunidad pero nunca engañaría a dos personas tan queridas para él como eran James Potter y su hijo. Jamás se lo perdonaría.
Se había vestido con unos vaqueros algo envejecidos y un jersey de cuello vuelto que dibujaba sus curvas. Quienes la conocían, sabían que Judith apenas se maquillaba y ese día no era una excepción.
Sabía porque Harry se casó con Judith. Era una mujer a la que le gustaba el riesgo y que no se rendía ante nada. Su mayor atractivo estaba en esa mirada que poseía tan seductora como la de Lily Evans.



- ¡Hola, Lupin! - Saludó con frialdad un hombre vestido todo de negro que los había interceptado en medio de un pasillo. - ¿Enseñándole Hogwarts a tu nueva mujercita? - Preguntó con desprecio. - Soy Severus Snape. - Se presentó.
- Judith Mary Yorkshire, - dijo con cortesía, - y Lupin y yo no estamos casados ni tampoco somos parejas. - Aclaró.
- ¿Podéis explicarme que hace una muggle como tú en Hogwarts acompañada por un licántropo? - Preguntó Snape con sorna. Antes de que le contestasen añadió: - He observado que llevas una alianza, ¿con quien estás casada?
- Con Harry Potter. - Contestó Judith con frialdad.
La desilusión y el odio apareció en el rostro de Snape.
- Tenía la esperanza de que dijeses el nombre de Draco Malfoy. -Dijo Snape con pesadumbre.
- Los sangre limpia nunca hubieséis aceptado que Draco se casase con una muggle. - Argumentó Judith, que mantenía el mismo tono frívolo desde que dijo su nombre, y dejó a Snape sin saber que decir para contraatacarla.
- Pero si ella fuese de sangre azul... - Insinuó Snape.
- ¿Qué quiere decir con eso? - Gritó Judith que cada vez estaba más molesta.
- Draco debería haberse casado contigo, en lugar de con esa asquerosa muggle. - Dijo Snape que desconocía que su querido Draco ya no era un Malfoy desde hacía casi una década.
- No hable así de Valle. - Se exasperó Judith.
- Ella tiene la culpa de todo lo malo que le ha pasado a Draco en los últimos años. - Explotó Snape que ignoraba que Draco le debía mucho a Valle y a Judith.
- Valle no es culpable de nada. No le voy a tolerar que me hable así de mis amigos. - Dijo Judith muy molesta al ver como Snape insultaba a su íntima amiga del colegio. -Si necesita soltar toda la furia que lleva dentro, hazlo con otra persona. Yo ya me cansé de escucharle. - Le dijo tanjante Judith a Snape. - Lupin, ¿puedes seguir enseñándome el resto del castillo y sus terrenos? - Le preguntó Judith con educación.
La miró mientras se alejaba. Le había llamado la atención esa apariencia dulce e inocente que mostraba y que sus ojos color violeta intensificaban. Si al conocerla ya conseguía que la desease cualquier hombre, ¿cómo sería en la cama?
- ¡Severus, despierta! Es una muggle. No puedes pensar así de ella. - Se reprochó Snape a sí mismo.
Debería odiarla. Tenía razones para ello.
- No le has caído bien. - Le susurró Lupin a Judith cuando ya se habían alejado lo suficiente.
- A mí él tampoco. - Dijo Judith.




Judith, pensativa, observaba la lumbre y bebía ron de grosella. ¿Por qué Harry no se lo había contado? ¿No confiaba en ella? Eso fue lo que más le dolió. Necesitaba llorar pero no podía, se lo había prohibido a sí misma.
¿Valle que sabía sobre el pasado de Draco? ¿Y Alejandro, sobre el de Ginny? ¿Habrían tenido Ginny y Draco el valor de contarle a sus respectivas parejas que pertenecían al mundo mágico? ¿Dónde estaba la valentía que Harry había tenido antaño?
Lo suyo había sido un flechazo, sin embargo, el Harry de Hogwarts no era el de veintipocos años que Judith había conocido. "Todos tenemos un pasado" y el descubrimiento del de su marido la había dejado fascinada, pero aún había muchos cabos sueltos que sólo el propio Harry podría aclararle.
Harry ya le había contado que él no había llegado a conocer a sus padres, ya que habían sido asesinados cuando Harry apenas contaba un año. Lupin y Mc Gonagall le relataron a Judith el asesinato de James y Lily Potter. Nunca llegaría a admirar a nadie como lo hizo con Lily Evans que eligió la muerte para que su hijo viviese.
Se había hecho tarde y de la lumbre sólo quedaban las cenizas. Apuró lo que le quedaba de ron y buscó en el bolso una botellita de cristal.
- A La Madriguera. - Dijo Judith decidida y el fuego empezó a crepitar.
Allí la esperaban para cenar los Weasley, su hermano y su sobrina. Lupin también estaba allí, había llegado unos minutos antes.



- La primera vez que tu hermano vino a La Madriguera se nos olvidó que Ginny nos había dicho que era muggle y Alejandro se sorprendió cuando vio que los platos se fregaban solos, las personas de las fotografías lo saludaban e, incluso, le hablaban. - Le contó Molly a Judith después de que esta última relatase su día en el callejón Diagon y en Hogwarts.
- Fue divertido. - Dijo Alejandro con una amplia sonrisa. - Lo asimilé pronto y desde entonces veo la magia como algo natural. A Ginny le ha costado más adaptarse al mundo de la realeza y a que en un principio no fuese bien vista por los ingleses. - Continuó. - Lo que aún no entiendo es porqué Ginny nunca ha querido conocerte. Siempre encontraba una excusa, sin embargo, nunca tuvo problemas con el resto de la familia ni con mis amigos. - Comentó con seriedad.
- Puede que tenga algo que ver con Harry. - Dedujo Judith con una voz cada vez más apagada y con un aire de tristeza que intentaba ocultar.
- Ginny dejó de tener noticias de Harry de un día para otro. - Informó Lupin. - Ginny me acosaba pero no podía contarle nada acerca de Harry. Con el tiempo lo terminó olvidando y dejó de sufrir por una relación que ninguno de los dos dio por finalizada en su momento.
- Lo que aún no entiendo es porqué Ginny siempre se ha negado a conocerme. No sé que le he podido hacer... - Judith no pudo terminar la frase. - Ya no sé que excusas se va a buscar y tampoco le sirven. Ya nos hemos conocido.
- Está en casa de Judith y Harry con Ron y Hermione. - Informó Lupin al ver la expresión de sorpresa, que se acentuó, en el rostro de Molly.
- ¿Ron y Hermione siguen juntos? - Preguntó Molly con el rostro iluminado.
- Lo dejaron hace varios años cuando Hermione se fue a Argentina. - Contestó Judith con pesar.
- ¿Qué razones podría tener Hermione para irse a Argentina y dejar a Ron? - Preguntó Molly algo molesta.
- No lo sé. - Contestó Judith con sinceridad."

Elena Velarde
Abril - Junio 2006 (corregido en octubre de 2010)

28 dic 2012

Capítulo 7 "Tarde de sábado" ("Pinceladas al óleo")

"Ya había facturado y leía un libro sentada en una de las sillas de la sala de embarque. Habían pasado ya nueve años desde su primera excavación, la de la necrópolis de época islámica. La misma en la que participó al empezar el segundo cuatrimestre de su primer año de Historia y en la que aprendió mucho a pesar de haber podido ir muy pocos días.
Hacía tiempo que había dejado de relacionar su imagen de la Arqueología con las de las películas de Indiana Jones. Era un trabajo arduo el del arqueólogo pero ahora sabía que era su vocación.
Recordó la lluvia que cayó en esos días y que dificultó aún más las tareas de excavación.
Cerca de Cambridge había un castillo plenomedieval, inhabitado desde hacía siglos y apenas estudiado. Después de meses de negociaciones había conseguido los permisos de excavación.
Allí iba a tener la oportunidad de poder investigar acerca de sus dos pasiones: la crisis del siglo XIV en Inglaterra y las relaciones que existieron entre "Neanderthales" y los "Homo sapiens sapiens" en la transición del Paleolítico Medio al Superior.
Ése no era el único contrato que iba a firmar durante su estancia en Londres. También estaba el de la publicación de su tesina por la Universidad de Cambridge y la traducción, bajo su supervisión, de "Violeta" por la editorial "Penguin".
Cogió el móvil del bolso y marcó un número.
- ¡Hola, Maya! Soy la tía Dima. - Dijo con tono jovial. - ¿Le puedes decir a tu padre si se puede poner un momento al teléfono que quiero hablar con él? - Preguntó.
Maya, una niña de no más de tres años, era el gran secreto de Ginny Weasley. Ésa era la razón por la que había dejado el quidditch. Tenía futuro como buscadora pero decidió afrontar la responsabilidad de ser madre. Había encontrado a la persona con la quería compartir su vida y formar una familia.
El anuncio del embarazo de Ginny dio mucho que hablar en Inglaterra, ya que coincidió casi con el descubrimiento por parte de la prensa de su relación con Alejandro Yorkshire.
Mientras esperaba a que su hermano cogiese el teléfono, miró el interior de su cartera, llena de carpetas y libros.
Judith era una persona que en muchos aspectos los pasos que marcaba la sociedad en la que vivía los andaba al revés. No le gustaba ser igual a los demás y no le resultaba fácil expresar lo que sentía. Las personas que la conocían sabían que, a pesar de que a Judith era fácil hacerla explotar, lo que más daño le hacía y lo que más le atormentaba se lo solía callar, incluso a sí misma. Su sufrimiento no era visible ni tampoco fácil llegar a él.
Ese deseo de distinguirse de los demás acarreaba un alto precio: incomprensión, angustia, dudas. Buscaba respuestas y casi nunca las encontraba.


- ¡Hola! - Saludaron Lluvia y Pablo cuando llegaron a la fuente de Puerta Jerez.
- ¡Hola! - Dijo a su vez Harry mientras saludaba a Lluvia con un par de besos en la mejilla y a Pablo con un apretón de manos. - Ellos son Hermione, Ron y Ginny. A Valle y a Draco ya los conocéis. - Dijo Harry que a continuación añadió: - Ellos son Lluvia y Pablo.
- ¿Y Dima? - Preguntó Lluvia a quien le extrañaba no ver a su amiga allí.
- Está en Londres. - Respondió Harry.
- A mí me dijo que se iba el domingo por la tarde. - Comentó Pablo.
- Ha quedado con unos amigos mañana y se ha ido en el vuelo de las seis y media.
- ¿Dónde se queda? - Preguntó Lluvia con curiosidad.
- En casa de Alejandro. - Contestó Harry como si lo que decía fuese algo obvio.
Ginny se asustó. Judith iba a descubrir su secreto y no se fiaba de ella. Pronto serían cuñadas y todo saldría a la luz. No se habían conocido hasta entonces. Alejandro le había hablado de sus padres y de sus hermanas pero siempre tenía alguna excusa cuando sabía que iba a ver a Judith.
Los padres de Alejandro y Judith se conocieron durante unas vacaciones de verano cuando eran adolescentes y se casaron al alcanzar la veintena. Su madre aparcó durante un tiempo sus estudios de Matemáticas para criar a Alejandro quien pronto fue nombrado heredero de la corona británica al renunciar su padre a sus derechos al trono. Al poco de licenciarse nació Judith, después vinieron Natalia y Emma, educadas lejos de la patria de su padre donde Alejandro vivía desde niño y admiraba la tranquilidad en la que crecían sus tres hermanas pequeñas.
- Haber si voy a Londres y le hago una visita. - Comentó Lluvia con una sonrisa.
- ¿Me vas a dejar por Alejandro? - Preguntó Pablo con sorna.
- No te burles. - Dijo Lluvia muy seria.
Pablo lo había hecho para enfurecerla y lo había conseguido.
- No tienes que irte a Londres. El miércoles viene con Judith y con Maya. - Informó Harry.
Ginny fue la primera que se sorprendió. no sabía que hacer si decirlo o callarse. Optó por lo segundo pero todo saldría a la luz cuando Maya la llamase "Mamá" delante de los demás o Alejandro la saludase con un beso en los labios.
Recordó la revista que Judith y Harry leyeron en el desayuno. Era la misma que el día anterior había comprado en el aeropuerto. Habían descubierto su secreto.


Aún no había podido hablar a solas con Ginny. Habían terminado de cenar y ya no quedaba nadie en la cocina salvo ellos dos. Era el momento.
- Ginny, ¿podemos hablar? - Preguntó Harry.
No contestó. Su expresión era de desconcierto y frialdad.


Eran casi las cinco de la mañana. Todos dormían. Sentada en la mesa de la cocina, escribía folios y más folios. No podía parar e irse a la cama y descansar un poco. No se sentía cansada pero al día siguiente necesitaría litros y litros de café para mantenerse despierta.
Nunca había escrito nada que tuviese valor ni tampoco había estado horas y horas sin poder detener su mano mientras ésta escribía y dejaba volar su imaginación.
Acostumbrada al teclado del ordenador, había olvidado lo que sentía al escribir con bolígrafo sobre una hoja en blanco como cuando cogía apuntes en la universidad o con pluma sobre envejecidos pergaminos como antaño en Hogwarts. Más lágrimas recorrieron sus mejillas ya húmedas de tanto llanto.
Necesitaba desahogarse y dedicarse tiempo a sí misma. Nunca debió irse a Argentina. ¿De qué huía entonces? ¿Por qué no fue capaz de afrontar lo que la atormentaba sin necesidad de alejarse de todo lo que era su vida? Había llegado el momento de darle respuestas a esas y otras preguntas.


Correr le ayudaba a no darle vueltas a la cabeza. Lo necesitaba. No había dormido bien. No quiso despertar a nadie.
Necesitaba estar solo. Todo se había complicado de repente. Volvían a surgir sentimientos y recuerdos que creía haber olvidado. ¿Qué sería ahora de su vida? En Ucrania estaba Leysana y en Inglaterra, ¿adónde iría? Quería alejarse de todo durante un tiempo para pensar.
No había nadie por la calle. Podía respirar la tranquilidad de una ciudad que aún dormía.
Se había planteado dejar a Leysana y no volver a Kiev, y darle una segunda oportunidad a Hermione. ¿Dónde viviría? ¿En Inglaterra o Argentina? No se podía precipitar. Decidió darse tiempo."

Elena Velarde
Marzo - Abril 2006 (corregido en octubre de 2010)

26 dic 2012

Capítulo 6. "Recuerdos y cafés con leche" ("Pinceladas al óleo")


"La cafetera humeaba y el olor a pan recién tostado impregnaba toda la estancia. Miraba hacia ningún lugar y con la cucharita daba vueltas al café. No estaba sola. A su lado estaba Hermione que hojeaba una revista que se había encontrado en el baño y Ron buscaba algo para desayunar entre la nevera y la despensa.
Oyeron el timbre y unos pasos que se dirigían hacia la puerta. Ginny salió de su ensimismamiento, dejó la cucharita apoyada en le borde del plato y se acercó la taza a sus labios. Hermione comía una tostada de mermelada mientras leía. Ron se sirvió café en un vaso y se sentó al lado de Hermione.
- ¡Hola! - Saludó Harry al abrir la puerta. - Pasad. - Les dijo a Draco y Valle.
- ¿Estáis ya todos listos? - Preguntó Draco mientras Harry cerraba la puerta de entrada.
- Aún no. - Contestó Harry que se dirigía a la cocina.
- ¿Y Judith? - Preguntó Valle que miraba como Ginny, Hermione y Ron desayunaban.
Judith, recién salida de la ducha y con el pelo mojado, sacaba una botella de leche de la nevera. Hermione había dejado la revista abierta sobre la mesa. Llamó la atención de Harry y la cogió.
- Fíjate un momento en estas fotos. - Le dijo Harry a Judith que se estaba echando unas cucharitas de azúcar en el café.
- ¡Qué vestido más bonito! - Exclamó Judith. - Yo siempre he dicho que Alejandro es muy guapo y con uniforme de gala, aún más. - Comentó Judith, que había aparecido en la cocina con gafas, a quien la ducha aún no la había despertado.
-¿Puedes dejar el azucarero y coger la revista, por favor? - Le imploró Harry.
La reacción de Judith no se hizo esperar. Se fijó en el rostro de la chica de las fotografías, después dirigió su mirada hacia la mesa y finalmente se cruzó con la expresión de extrañeza de su marido. En un par de segundos sacó todas las conclusiones.
- No podía ser. - Pensaron Harry y Judith pero ambos eran muy observadores y pocas veces se equivocaban cuando sospechaban algo.
Ginny permanecía ajena a lo que habían descubierto Judith y Harry, y a lo que tramaban aprovechando que Judith se iba a Londres esa misma tarde. A Hermione, que había estado hojeando la revista minutos antes, las fotografías no le habían llamado la atención, dejó la revista sobre la mesa y se puso a charlar con Ron, Valle y Draco.
Vio el dedo de Harry que señalaba un párrafo. Lo leyó pero algo le decía que a lo largo de la revista hablaban más acerca de la pareja de las fotos. Buscó el índice y le echó un vistazo. "Ginevra Weasley, la joven que ha sabido ganarse el corazón de los ingleses." Ése era el titular.
- Tómate ya el café que se te va a enfriar. - Le ordenó Harry a Judith. - Yo busco la página.
Ahí estaba el reportaje que el día anterior en el vuelo Londres-Sevilla tantas lágrimas le había hecho derramar a Ginny. En esas páginas no encontraron nada que no supiesen ya, sino que esta vez la información la vieron desde otro punto de vista, el que menos esperaban.
Harry no sabía que pensar. Habían pasado diez años y todo había cambiado mucho. Sus planes para el futuro cuando eran adolescentes apenas se habían cumplido y cuando lo habían hecho, las circunstancias los habían cambiado. Ninguno había llegado a estudiar la carrera de auror, el quidditch menos Ginny lo habían abandonado y al final sus vidas estaban más relacionadas con los muggles que con los magos. Voldemort, ya derrotado, estaba detrás de todo.
Draco siempre había sido el hijo perfecto y tenía todas las cualidades para destacar entre los mortífagos, sin embargo, que lo hubiesen criado entre algodones y en el odio hacia los muggles y los magos de sangre sucia y/o mestiza traería graves consecuencias cuando, siendo adolescente, trabajó para Voldemort. Fue entonces cuando todo su mundo se desmoronó y renunció a todo lo que el antiguo Draco era. Al principio fue duro pero a la larga significó un cambio muy positivo.
Casi once años después de ese verano ya no quedaba nada del Draco arrogante de Hogwarts. Hermione, por quien el ojigris siempre había sentido un profundo odio por ser hija de muggles, fue la primera persona que conoció al nuevo Draco pero Harry y Ron nunca creyeron en ese cambio del chico rubio. Alejó de su corazón a Pansy Parkinson y su lugar fue ocupado por una estudiante de Gryffindor de cabello por aquel entonces bastante enmarañado. Nunca sería suya, lo sabía. No quiso interponerse en la relación que la chica castaña mantenía con Ronald Weasley pero no renunciaría a la amistad de la muchacha.
Al empezar séptimo decidió romper con todos los lazos que aún mantenía con sus padres, los mortífagos y Voldemort. Tras los EXTASIS dejó Inglaterra por una vida muggle en Sevilla con el deseo de empezar desde cero. Hermione le había mostrado algunas de las maravillas del mundo muggle y el fin de sus estudios en Hogwarts fue el momento de arriesgarse. Si no lo hubiese hecho, nunca hubiese conocido a Valle.
Harry también dejó Gran Bretaña tras los EXTASIS y durante unos años recorrió todo el mundo. No se estableció en ningún lugar hasta que recaló en Sevilla.
La miró mientras, apoyada en la encimera y con apariencia distraída, se comía una tostada. Por ella había dejado de huir y había vuelto a Londres tras años de ausencia. La admiraba porque su fragilidad era sólo apariencia y había sabido alcanzar sus sueños de adolescencia.
Judith le había abierto su corazón y se sacrificó mucho para que Harry volviese a creer en sí mismo. Se preocupaba demasiado por los demás y eso a veces hacía que se olvidase de sí misma.


Nunca había visto unos ojos color violeta. Su mirada era cálida y seductora. Al día siguiente de verla en la catedral fue a visitar los patios de la Universidad de los que tanto y tan bien le habían hablado. Allí estaba ella saliendo de la biblioteca pero no iba sola.
- Perdón, ¿dónde está la cafetería? - Le preguntó Harry acercándose hasta esa chica desconocida.
Judith percibió la dificultad con la que el joven se había expresado en español y un marcado acento británico que se escondía tras cada palabra.
- Nosotros vamos para allá a tomar algo. Si quieres, te puedes venir. - Le sugirió Judith en un perfecto inglés que era característico de las clases altas de Londres. - Soy Judith y él es Pablo. Y tu, ¿cómo te llamas? - Le preguntó Judith con interés.
- Harry.
Estrechó la mano de Pablo y le dio un beso a Judith en la mejilla.
- Dima, me voy. Ya hablamos en otro momento. - Dijo Pablo y Judith lo miró desconcertada. - ¡Hasta luego! - Se despidió alejándose de Harry y Judith.
La vio más atractiva que el día anterior. El pelo lo llevaba recogido con una pinza y algunos mechones rebeldes enmarcaban su rostro.
No podían borrar la sonrisa de sus rostros ni dejar de mirarse a los labios. Sus pupilas brillaban. Un hormigueo recorría sus cuerpos. Estaban apoyados en un árbol y al distancia que había entre ambos era la carpeta de Judith sobre la que había colocado su bolso y su abrigo.
- ¿Eres de Londres? - Le preguntó Harry.
Judith no se sorprendió ante la pregunta. La esperaba.
- Mi padre sí es de Londres, yo soy de Sevilla al igual que mi madre y mis hermanos pero tengo la doble nacionalidad.
Sacó la cartera del bolso, cogió los documentos que la identificaban como ciudadana española y británica y se los mostró a Harry. El roce de sus manos les produjo un escalofrío.
No hacía mucho que su relación con Pablo se había terminado. No se planteaba comenzar otra. Ahora no quería volverse a enamorar. No se arrepentía de haber estado tantos años con Pablo.
- ¿Hasta cuándo te quedas? - Le preguntó con curiosidad Judith a Harry.
- Pensaba quedarme sólo una semana para conocer la ciudad pero voy a buscarme un piso para alargar mi estancia durante tiempo indefinido.
Iba a quedarse en Sevilla por Judith. Si seguía con su viaje o volvía a Inglaterra, no sabía si algún día la vería de nuevo. No quería desaprovechar la oportunidad que se le presentaba.
La huida no le había solucionado los problemas ni le había dado valor para afrontarlos. Sólo había sido un reflejo de su cobardía. Ya no quedaba nada de su fortaleza de antaño.
- Si quieres, yo te ayudo a buscar piso y te doy clases de español. - Sugirió Judith con entusiasmo.
- No hace falta. Se te ve una chica llena de obligaciones, no quiero estirarte tu agenda ni que por mí dejes de hacer otras cosas. No quiero hacerte sentir incómoda. - Dijo Harry con humildad.
- De verdad, no es ninguna molestia y ya organizaré mi agenda de tal manera que pueda abarcar todo sin quitarle más horas al sueño. - Intentó Judith convencer a Harry.
Parecían una pareja. Seguían sentados en el mismo sitio y Judith había apoyado su cabeza sobre el hombre de Harry. La carpeta, el bolso y el abrigo lo habían cambiado de lugar y se arrimaron aún más.
Podía sentir su respiración entrecortada y los latidos del corazón en el cuello. Vio como se mordía y mojaba los labios a cada momento. Se sentía igual que él. Ya había demasiada intimidad para que fuese a más. No se deberían haber aproximado tanto.
- ¡Hola! - Saludó Lluvia que acababa de llegar hasta el árbol donde Harry y Judith estaban apoyados.
Judith se sobresaltó. No podía controlar su nerviosismo. Se levantó y le dio un par de besos a su amiga en la mejilla.
- Él es Harry. - Dijo Judith con voz temblorosa.
- Lluvia. - Dijo ésta al saludarlo.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó Judith cortante.
- Habíamos quedado para tomar un café y siento mucho haber sido tan inoportuna. - Se disculpó Lluvia al recordar la escena que había presenciado unos momentos antes.
- No pasa nada. Yo ya me iba. - Dijo Harry.
Cuando Judith quiso reaccionar, ya era tarde. Harry había desaparecido de su vista y no sabía cuando se volverían a encontrar. No podía evitar pensar en él.
- Estabas muy bien acompañada. - Le dijo con ironía Lluvia a Judith. - Deberías haberte quedado con él. Nosotras podemos quedar otro día.
- No sé a donde ha ido. Soy tonta. Lo he dejado escapar. - Se lamentó Judith."

Elena Velarde
Marzo 2006 (corregido en octubre de 2010)

17 dic 2012

Capítulo 5. "Poesía" ("Pinceladas al óleo")

"Bésame, ámame, enamórame.
Píntame con ligeras pinceladas
retratándome desnuda sobre el lienzo.
Fotografíame mientras me besas.

Ácidas tonalidades de cítricos
caracterizan tus fríos lienzos
impregnados de pasión y sensualidad
al exprimir limones y naranjas sobre ellos.

Sedúceme mientras con tus pinceles
en un revuelo de sábanas desnuda me retratas
con la piel nacarada y rosácea,
con los ojos celeste como el cielo del mediodía.

Maquíllame de verde lima los ojos.
Susúrrame al oído bonitas palabras de amor.
Perfúmame con pétalos de azahar.
Dulcifícame con tus afrutados besos de fresa.

Acaricia mi piel con tus suaves pinceles
abandonando la paleta junto al lienzo
donde mi desnudo cuerpo está ligeramente esbozado
despertando a la chica apasionada que hay en mí.

Deséame mientras tumbada en el diván
retratas mi atractiva desnudez.
Ámame al abrigo de la chimenea
abrasándonos por las llamas de la pasión.

Inspírame para escribir este poema.
Suéñame todas las noches.
Siénteme como a tu propia piel.
Escríbeme un poema que me haga pensar en ti.

Contrastes de fríos y cálidos pigmentos:
frías tonalidades en mis azulados ojos,
cálidas tonalidades en mis sonrosadas mejillas,
colorete y sombra de ojos difuminados.

Mójame los labios con gotas de limón.
Hazme disfrutar con tus besos.
Emocióname al regalarme un ramo de rosas.
Enamórame al besarme bajo el muérdago.

Tan bella como un pincel que se desliza sobre el lienzo
en una de las páginas de tu diario así me has descrito
mientras haces un boceto con mi figura
que dejas olvidado entre mis poemas.


Poesía. Añoranza. Siena.
Lo había encontrado en una carpeta llena de recuerdos. Todos eran de su año de Erasmus en Italia. Los únicos meses que convivió con Pablo, quien también eligió Siena para estar con ella.
Conocían pocas parejas que fuesen Erasmus el mismo año y en la misma ciudad. Lo normal era que uno de los dos se quedase en su país mientras que el otro aprovechaba esa experiencia o que tuviesen diversos destinos.
Después de todo el tiempo que había transcurrido desde entonces, aún mantenían amistades en Siena, los mismos que bromeaban acerca de su "matrimonio sin papeles" y que no entendieron porqué su relación se terminó poco tiempo después.
Parecían una pareja de recién casados, sin embargo, la vida suele traer sorpresas y giros de trescientos sesenta grados a sus protagonistas. Judith había dado el "sí, quiero" a Harry el mismo día de su último cumpleaños y Pablo salía desde hacía unos años con Lluvia, una joven empresaria a quien Judith siempre había considerado su mejor amiga.
Judith y Lluvia se conocían desde los tres años aunque no recordaban cómo comenzó su amistad. Durante varios años fueron vecinas en una urbanización de Montequinto. Cuando eran niñas solían estar siempre en los columpios, jugando al elástico que a veces ataban a una farola o al teje que dibujaban en el suelo, y en verano su vida giraba en torno a la piscina y su chiringuito. Al llegar a los doce años las cosas empezaron a cambiar, dejaron de jugar y empezaron a dedicar horas a charlar en los portales, la piscina... Los estudios, los chicos, la menstruación y la depilación eran los temas de conversación más comunes en esa época pero también otros, más secundarios que no por ellos menos importantes.
La mudanza significaba cambio y era la primera vez que deseaba alejarse de Montequinto. El oír esa esa palabra era una de las cosas que más temía escuchar de sus padres cuando contaba unos trece años pero con quince lo necesitaba. Dejaba atrás una etapa importante de su vida, cuyas heridas nunca terminaron de cicatrizar, y empezaba otra con ilusión.
Fue entonces cuando conoció a Pablo y su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Fue en una fiesta de cumpleaños a la que ambos habían sido invitados. No pasó nada entre ellos dos pero si hubiese sido al revés, tampoco lo volvería a ver, pensó Judith.
Pablo era casi un año mayor que Judith y en apariencia poco tenían en común. Ambos pensaban que las diferencias eran enriquecedoras, siempre y cuando se respetasen, y que se podía aprender de ellas sin dejar de ser uno mismo. A medida que se conocían , descubrían que se parecían más de los que en un principio creían.
Más de una vez Judith estuvo a muy poco de reconocerse a sí misma que le gustaba Pablo pero sentía terror. Sin embargo, una conversación por teléfono hizo que decidiese afrontarlo y se lo comentase a un número muy reducido de amigas.
Aún no sabía de donde había sacado el valor para confesarle a Pablo lo que sentía por él. En ese momento Pablo estaba sin pareja y no se planteaba empezar una nueva relación, menos aún con Judith a quien veía como una buena amiga pero, gracias a su valiente confesión, empezó a mirarla con otros ojos. Judith no sentía tristeza ni desasosiego, sino tranquilidad porque su amistad con Pablo se fortaleció y resultaría difícil que se rompiese.
Empezaron a salir con la llegada del otoño y el comienzo de las clases. Lo recordaba bien. Fue el día del Pilar en los jardines del Alcázar. Habían quedado para dar una vuelta y en ningún momento Judith sospechó lo que esa tarde soleada le deparaba."

Elena Velarde
Marzo 2006 (corregido en octubre de 2010)

14 dic 2012

Capítulo 4. "En casa de Harry y Judith" ("Pinceladas al óleo")


" - ¡Hola! - Saludó con una amplia sonrisa cuando entró en salón con las llaves aún en la mano. - Soy Judith, la mujer de Harry, y ellos son Valle, una amiga mía del colegio, y su marido, Draco. - Dijo señalándolos.
- Yo soy Hermione pero me parece que ya nos conocíamos.
Se acercó hasta ellos y les dio un par de besos a cada uno.
- Siento mucho no haber podido ir a vuestra boda. - Se disculpó a Valle y Draco.
- Yo soy Ron y yo, Ginny. - Dijeron respectivamente.
- ¡Hola! - Saludó Harry, que acababa de entrar con un plato de caracoles, a Judith, Valle y Draco. - No sabía que ya habiáis llegado. Sois muy puntuales.
- Voy a ponerme algo más cómodo y a quitarme las lentillas. - Comentó Judith.
- Te han llamado Emma y Pablo. - Le dijo Harry a Judith.
- ¿Por qué no me han llamado al móvil? - Preguntó Judith a lo que respondió Harry con un gesto de duda. - ¿Qué querían?
- Tu hermana qué si le podías dejar el mantón de manila y Pablo cuáles eran los planes que teníamos para esta noche. - Contestó Harry.
- ¿Y qué les has dicho? - Siguió Judith preguntando.
- A Emma que volviese a llamar sobre las diez y a Pablo que nos íbamos a quedar en casa tomando unas cervezas con unos amigos míos que habían venido de Londres. Aún así, me ha dicho que cuando pudieses le llamases. - Informó Harry.
- Si me disculpáis, voy a cambiarme de ropa y ahora vengo. - Dijo Judith mientras se dirigía a su habitación y se iba quitando las horquillas que sujetaban la flor.
- ¿Cuándo os casasteis? - Le preguntó Ginny con curiosidad a Valle y Draco.
- Hace año y medio. - Contestó Valle.
- Pero llevamos juntos unos nueve años. - Añadió Draco y rodeó con un brazo la cintura de Valle.
Hermione nunca se imaginó que esa escritora muggle a la que tanto admiraba se había casado unas semanas antes con uno de sus dos mejores amigos de Hogwarts y que, además, la había conocido unos años atrás cuando visitó Sevilla durante su luna de miel. Por aquel entonces, Judith salía con un estudiante de quinto de Bellas Artes.
Mientras se recogía el pelo con una pinza Judith entró en el salón vestida con unas gafas con la montura roja, unos vaqueros y una camiseta de tirantes. En ese momento sonó el teléfono.
- Diga. - Contestó Valle que lo tenía al lado. - ¡Hola, Pablo! - Saludó mientras se le dibujaba una sonrisa. - Soy Valle. Espera un momento que ahora le digo a Dima que se ponga.
No tuvo que decirle nada a Judith que se acababa de sentar a su lado y que se volvió a levantar cuando Valle le pasó el teléfono. Salió de la habitación y se fue a la cocina.
- Aún me sorprendo de la relación tan buena que siempre ha habido entre Dima y Pablo. - Comentó Valle.
- Yo temo que su amistad otra vez se vuelva a convertir en algo más. - Dijo Harry con pesar.
- Nunca se sabe pero creo conocer bastante bien a los dos y saber que no volverán a estar juntos como años atrás. Además, Dima y Pablo reconocen que están mejor como amigos que como pareja. - Intentó tranquilizar Valle a Harry.
- ¿Pablo era ese chico bohemio que salía con Judith cuando yo estuve en Sevilla? - Preguntó Hermione con interés y Valle asintió.
- Lo dejaron pocos meses después. - Informó Draco.
Se acordó de cuando valle le presentó a Judith una mañana de octubre en la cafetería de la facultad. Era atractiva y le recordaba a Hermione. Era una chica que dejaba huella igual que Valle. Le resultaría difícil elegir entre una de las dos, sin embargo, pronto se percató que también había un chico con ella. Castaño, ojos marrones y novio de Judith desde hacía más de un año.
Tres eran los hombres más importantes en la vida de Judith: su padre, Pablo y su marido. A los dos últimos los conoció de casualidad y nunca llegó a pensar en que si no los tenía a su lado, ya no tendría sentido vivir. A Pablo le unía muchos años de amistad y algunos de relación sentimental. Algunos aspectos del pasado de Harry aún eran un misterio para Judith y sería decisivo para su matrimonio el momento en que saliesen a la luz.
- Escribo desde niña y llego a sentirme vacía si no lo hago en meses pero en lo profesional me dedico a la investigación y dentro de ella a la evolución humana. - Comentó Judith que pelaba unas gambas.
- Aquí sólo pone que eres licenciada en Historia. - Dijo Hermione mientras leía la contraportada del último libro de Judith.
- Me gusta que me lean y se crean lo que escribo pero apenas doy datos de mí misma. - Dijo Judith. - Además, me encuentro inmersa en la investigación sobre la que gira mi tesis doctoral.
- ¿El mundo que reflejas en "Violeta" existe? - Preguntó Hermione con curiosidad.
- Sevilla y Asturias, sí. El mágico habita en mi imaginación. - Contestó Judith.
- Soy licenciada en Literatura española e inglesa por la Universidad de Buenos Aires y tenía pensado que "Violeta" fuese el tema de una futura investigación. - Informó Hermione. - Me gustaría que me pudieses dejar los borradores de la novela y también que trabajásemos juntas en él.
- Es una oportunidad que no puede ser desaprovechada. Dentro de unos días podremos hablar con más tranquilidad acerca del proyecto. - Dijo Judith a quien les gustaba enfrentarse a nuevos retos que la ayudasen a enriquecerse. Le gustaba aprender y también probarse a sí misma.
- ¿Por qué? - Preguntó Harry que parecía no recordar la agenda de su mujer.
- Me extraña que lo preguntes tú. - Contestó Judith con gesto de incredulidad. - No recuerdas que mañana por la tarde me voy a Londres a firmar unos contratos y que antes les voy a enseñar la Catedral y el Alcázar.
- ¿Y la Universidad?
- Se la dejo a Valle y Draco.
- No te preocupes, Harry. - Dijo Valle. - No va a haber ningún problema. Ya está todo organizado.
A Judith le gustaba tenerlo todo bajo control y quien la conocía también sabía que cuando se proponía algo, no cejaba en su empeño hasta conseguirlo.
- Ron, ¿qué te pasa? - Preguntó Harry al ver a su amigo que parecía no estar allí.
- No la he olvidado. - Contestó Ron que miraba a Hermione.
No dijo nada más y tampoco hizo falta.
Aún no entendía el porqué del distanciamiento entre ellos y qué le había pasado a Harry para que no hubiese elegido los días previos a su boda para el reencuentro. Sabía que se llevaría bien con todos, sobre todo, con Hermione y puede que también con Ginny, quien apenas habló durante la velada. Era una Weasley, eso estaba claro, sin embargo, le recordaba a alguien más cercano a ella.
Lupin la había llamado el día anterior para decirle si podían quedar en Londres porque quería hablarle un poco acerca de ese pasado que Harry aún no le había contado. Le prometió que no le diría nada a su marido y que se verían en una cafetería de Trafalgar Square.


Eran las tantas de la madrugada. Todos dormían. Reinaban el silencio y la oscuridad. Andaba de puntillas en dirección a la cocina. Otra persona, envuelta en la sombra, ya se encontraba allí. No podían conciliar el sueño y, hartos de dar vueltas en la cama, se levantaron a beber un poco de agua.
- Lo siento. - Se disculpó cuando se chocó con Ron. - No podía...
- Yo tampoco.
La misma situación que años atrás en otra cocina, la de La Madriguera. Aún eran adolescentes y pronto empezarían séptimo. Un beso robado pero deseado. El comienzo de una relación."

Elena Velarde
Febrero 2006 (corregido en octubre de 2010)

28 nov 2012

Capítulo 3. "En dirección a Sevilla" ("Pinceladas al óleo")


"Habían pasado toda la mañana en "El Caldero Chorreante" y después de comer algo se dirigieron al aeropuerto con tiempo suficiente. En Heathrow Hermione se sorprendió con los familiarizados que estaban Ron y Ginny con los aeropuertos.
Facturaron juntos su equipaje y antes de subir al avión tomaron algo en una de las cafeterías de la zona de embarque y compraron algunas revistas y periódicos muggles.
- Hay cosas que, a pesar del tiempo, no se olvidan. - Pensó Ginny al observar a Ron y Hermione.
Hermione había dejado a Ron nueve años atrás por un argentino y su relación con Leonardo se acabó tras muchos años de convivencia y desde entonces se preguntaba qué hubiese pasado si no se hubiese ido a Buenos Aires y si fue un error dejar Inglaterra tras acabar los EXTASIS. Ron intentó olvidarla y ahora convivía con una chica en Kiev, sin embargo, al volver a verla le apreció una mujer aún más atractiva que la chica de la que había estado enamorado en su adolescencia y entonces supo que nunca podría dejar de amarla.
Ron y Hermione charlaban como en los viejos tiempos cuando estaban juntos y no discutían tanto. Ginny leía la revista que tenía en sus manos y pensaba en como podría decirles que se casaba en unas semanas con el heredero de Inglaterra, y eso era sólo el principio, aún ocultaba más cosas.
No sabía qué le pasaba con Hermione, sus ojos sólo veían sus labios y con la mirada la desnudaba. Sentirla tan cerca hacía que su cuerpo temblase y que el ritmo de sus pulsaciones se acelerase. Lo había dicho esa misma mañana, ahora no estaba con nadie pero a Ron le dolió decir que si tenía pareja estable. ¿Qué pasaría ahora que se habían vuelto a encontrar y que haría con Leysana? Quiso convencerse de que Hermione era ya cosa del pasado, y que su presente y su futuro estaban en Kiev junto a Leysana Timoshenko.
Había apoyado su cabeza en el hombro de Ron, cerró los ojos y se quedó dormida. Su mano se deslizó por la barra y se posó sobre la pierna de él. Nunca le iba a perdonar que se hubiese ido a Buenos Aires con todas las consecuencias que eso trajo y no podría volver a ser suyo como en aquellos días de verano ya lejanos. No pudo evitar soñar con Ron, que una sonrisa le iluminase el rostro y que sus mejillas se sonrojasen al igual que a los dieciséis años cuando todos menos Hermione sabían que se había enamorado del chico pelirrojo.
Ron notó en su pierna la mano de Hermione y con delicadeza uno de sus brazos rodeó la espalda de la chica. Volvió a tener la misma sensación de hormigueo que años atrás cuando sólo eran amigos y la abrazaba, y entonces quiso besarla. Estaba dormida y sonreía, sin embargo, se acordó de Leysana cuando sus labios casi rozaban los de Hermione.
Ginny, absorta en sus pensamientos, permanecía ajena a todo lo que pasaba a su alrededor. Tenía una revista abierta sobre sus piernas y entre sus dedos estaba el borde de la página que esperaba que pasase a la siguiente. Había algo en ese reportaje que la entristecía y que hacía que sus pupilas estuviesen cubiertas por las lágrimas. No impidió que éstas resbalasen por sus mejillas y llegasen hasta la comisura de sus labios donde dibujaban el contorno de esos otros que la despertaban cada mañana y a cuyo dueño tanto amaba.
El avión había empezado a descender cuando Hermione se despertó y avergonzada retiró su mano de la pierna de Ron. Ginny dejó de lado sus preocupaciones, pasó las páginas del reportaje a toda velocidad y con disimulo se limpió sus mejillas húmedas por las lágrimas mientras saboreaba las que llegaban hasta sus labios.
- Tengo curiosidad por saber qué ha sido de Harry en estos últimos años. - Comentó Ron.
- Supongo que vendrá al aeropuerto a recogernos. - Dijo Ginny poco convencida.
- En su carta decía que nos esperará allí. - Dijo Hermione. - Sevilla es una ciudad muy bonita, llena de color e historia. - Comentó con una sonrisa.
- ¿Cuándo has estado en Sevilla? - Preguntó incrédulo Ron.


Habían comido en la Feria con la familia de Judith y dieron un paseo por las calles del recinto ferial, que estaban llenas de coches de caballos y de sevillanos que disfrutaban de su fiesta más tópica, antes de que Harry se dirigiese al aeropuerto y Judith se reuniese con sus amigas del colegio.
Harry con uno de sus brazos rodeaba los hombros de Judith, ataviada con ese traje de gitana que se había hecho el año anterior.
- ¿En qué has pensado para esta noche? - Preguntó Judith con interés.
- En organizar un picoteo en casa. - Contestó Harry. - Quiero que conozcan la buena gastronomía que hay en Sevilla.
- Podemos hacer "rebujito" con manzanilla y "Sprite" que compré esta mañana. - Comentó Judith con entusiasmo.
- ¿No has bebido ya bastante? - Preguntó Harry preocupado.
- Aún no. - Contestó Judith con sarcasmo. - El truco está en comer y beber a la vez.
- Cariño, me tendrás que enseñar. - Dijo Harry con ironía y la besó.
- Me gustaría que me dejases enseñarles Sevilla. - Comentó Judith risueña.
- No hay ningún problema. - Dijo Harry con una sonrisa. - Ya había pensado en ti para eso.
- Con quien me iba a casar yo, si no era contigo. - Dijo Judith y ambos se rieron.
- ¿A qué hora has quedado con esta gente? - Preguntó Harry.
- A las seis y media. - Contestó Judith.
- Pues llegas tarde. Ya son menos veinticinco. - Dijo Harry mirando el reloj. - Te acompaño a la portada y los saludo que a las siete tengo que estar en el aeropuerto.
- Aún sigo sin entender porqué has estado tantos años sin ponerte en contacto con Ron, Hermione y Ginny si, de verdad, son tan importantes para ti. - Dijo Judith.
- Todavía hay muchas cosas que yo no soy capaz de explicármelas. No creo que me puedas ayudar en esto. - Dijo Harry con resignación.
- Eres tú quien no te dejas. - Repuso Judith algo molesta.
En parte Judith tenía razón, la misma de siempre cuando salía el tema en alguna de sus conversaciones. El único problema que le impedía hablarle abiertamente sobre dicho asunto era que tendría que demostrarle la existencia de un mundo que para ella sólo existía en la literatura pero que aún así le aclararía muchos aspectos sobre el pasado de Harry.
Observó ensimismada la cicatriz en forma de rayo que destacaba en la frente de Harry. Eso fue lo primero que le llamó la atención de su marido cuando le conoció, incluso más que sus penetrantes ojos verdes. Judith desconocía la historia que había tras esa cicatriz tan peculiar y lo qué significaba, sin embargo, siempre que la observaba se sentía atraída por el enigma que la acompañaba.


Sacó el móvil del bolso, cogió la maleta y se alejó. Una voz infantil respondió al otro lado de la línea, la reconoció y le pidió que le pasara con otra persona no sin antes hablar un poco con la primera.
No había podido dejar de mirarla desde que la vio esa mañana entrar en "El Caldero Chorreante". Sabía que no debía pero no pudo evitarlo. Volvía a sentir por Hermione lo mismo que en Hogwarts tantos años había ocultado.
- ¿Qué ahora con Leysana? - Se preguntó a sí mismo.
Habían cogido ya las maletas y se disponían a salir para encontrarse con Harry, sin embargo, vieron a Ginny algo alejada que hablaba por el móvil. Algo ocultaba su amiga, apenas había dicho palabra acerca de su vida después de Hogwarts.
Apenas vieron gente cuando salieron por la puerta de llegadas del aeropuerto de Sevilla. Buscaron a Harry y le vieron en medio del pasillo mirando a todos lados. Le reconocieron por su pelo azabache y su cicatriz en forma de rayo pero ¿qué había pasado con su gafas?
Ron tenía el mismo aspecto que a los diecisiete años, Ginny llevaba el pelo a la altura de los hombros, y Hermione apareció con gafas, el cabello lacio y recogido en una coleta.
- ¡Hola, Harry! - Le saludó Hermione con una sonrisa y un par de besos en la mejilla.
Al saludarle vieron que en su mano derecha lucía una alianza de oro blanco.
- ¿Quién sería la afortunada? - Se preguntaron con la mirada Ron, Hermione y Ginny.
- ¿Qué tal el viaje? - Acertó a preguntar Harry.
- Bien. - Contestó Ginny con un hilo de voz.
- Ha sido como un retorno al último año en Hogwarts. - Comentó Hermione y Harry se estremeció.
- Estoy casado con una chica muggle que no cree en la existencia de un mundo mágico. - Dijo Harry como si hubiese hecho un gran esfuerzo.
No sabía como interpretar las miradas de sus amigos: expresaban sorpresa, incredulidad, enfado... Se había precipitado.
- Ginny, ¿cómo estás? - Preguntó Harry para intentar salir de esa situación tan incómoda en la que se encontraba. - ¿Qué ha sido de tu vida?
Ginny tragó saliva y decidió que había llegado el momento de empezar a revelar más cosas aunque sólo iban a ser unas pinceladas.
- En séptimo te sustituí como buscadora y capitana del equipo de quidditch. Saqué muy buenos resultados en los EXTASIS y durante varios años he sido buscadora de la selección inglesa de quidditch. Vivo en Notting Hill en Londres y en un par de mese me caso en la catedral de San Pablo.
- ¿Qué te casas? - Preguntó Ron con incredulidad. - ¿Cuándo pensabas decírmelo? Soy tu hermano. - Dijo Ron bastante molesto.
- Lo siento pero no sabía como localizarte. Hemos estado mucho tiempo sin saber nada el uno del otro. - Se disculpó Ginny que en ese momento se sentía muy culpable.
- No te preocupes, Ginny. Te perdono. - Dijo Ron al ver lo mal que lo estaba pasando su hermana.
- Estáis todos invitados. - Dijo Ginny y así se sintió más aliviada.
- ¿Y quién es el novio? - Preguntó Hermione con curiosidad.
- Se llama Alejandro. - Contestó Ginny que no quiso dar más datos acerca de su prometido."

Elena Velarde
Febrero 2006 (corregido en octubre de 2010)

26 nov 2012

Capítulo 2. "Momentos previos a la boda" ("Pinceladas al óleo")

"Corría sin rumbo, en círculos y tenía la sensación de que no avanzaba. Todo estaba oscuro, no sabía con exactitud lo que la hacía correr y cada vez parecía menos probable que pudiese llegar a la iglesia y dar el "sí, quiero". Esta huida a ningún lugar había sido el último de los obstáculos a los que se había enfrentado en las últimas horas. No podía refugiarse en ningún sitio y su vestido, en el que había invertido el sueldo de tres meses, estaba destrozado.
Angustiada, se despertó. Otra vez era el mismo sueño que se repetía todas las noches y del que nunca sabía el desenlace pero esta noche fue peor. Todas las mañanas pensaba lo mismo: esos sueños mostraban sus más profundos miedos e inseguridades. No quería que todo lo que había soñado, se repitiese ese día, el de su boda.
Judith se enfrentaba al que iba a ser el día más importante de su vida hasta el nacimiento de sus hijos pero aún no estaba segura de si quería ser madre. Sobre el sofá estaba ese vestido de novia con el que siempre había soñado.
Por fin había encontrado a la persona con quien quería compartir su vida. Era una persona especial y muy misteriosa. Se habían aportado muchas cosas mutuamente, sobre todo, Judith a Harry quien viajaba sin rumbo como si sintiese terror a establecerse en un determinado lugar.
Sevilla era de los pocos lugares que aún no conocía después de cuatro años y medio viajando alrededor del mundo. Sólo pensaba quedarse una semana y ya era demasiado tiempo para visitar una ciudad pero sus planes se desbarataron cuando entró en la Catedral y la vio. Era una de las guías turísticas que estaba de prácticas mientras terminaba sus estudios en Historia y de las pocas que cogía grupos tanto de hispanohablantes como de anglófonos e, incluso de italianos. En ese momento Judith apenas se fijó en Harry, estaba trabajando y él era un turista más del grupo que le habían asignado.
Ese día se iban a casar en el mismo lugar donde se conocieron y que fue testigo de los primeros pasos de su relación. El banquete también se iba a celebrar en un lugar muy especial para ambos, el mismo restaurante en el que cenaron en su primera cita.
Le extrañaba que Harry no hubiese invitado a su ex ni a sus dos mejores amigos cuando no había día que no les hablase de ellos o de las experiencias que vivieron en sus años de internado. Estaba segura de que algo había pasado porque Harry no sabía nada de ellos desde los "A Levels" y Judith creía que Harry se encontraba en una situación parecida a la suya con respecto a una parte de su pasado.
Cómo echaba de menos a sus padres en ese día tan especial y el papel de Lily Evans de llevar al altar a su hijo iba a ser ocupado por Molly Weasley, que era como una segunda madre para Harry. En la boda estaría toda la familia, salvo Ron y Ginny, a quienes no había invitado. Tampoco le mandó la invitación a Hermione Granger, su mejor amiga en Hogwarts. Había estado diez años alejado de la magia y ahora se iba a casar con una joven muggle para quien el mundo mágico sólo existía dentro de la literatura.
- Harry, date prisa. A este paso, la que va a estar esperando en el altar, va a ser la novia. - Le espetó Molly.
- Recordar que no podéis usar magia ni hablar acerca de ella. - Dijo Harry por enésima vez mientras se hacía el nudo de la corbata.
- ¿Por qué no han venido Ron, Hermione y Ginny? - Preguntó Lupin.
- No les envié la invitación y de momento no quiero que le contéis que seguimos manteniendo el contacto ni que es de mi vida. Ya me volveré a poner en contacto con ellos cuando crea conveniente. - Aclaró Harry.
- Sabes que sé guardar muy bien los secretos y que cuando Ginny , me preguntaba por ti durante su séptimo curso le daba largas. - Comentó Lupin.
- Nunca nos imaginamos que Harry Potter se casaría y menos con una muggle que no cree en la magia. - Bromearon Fred y George. - Te deberías casar con nuestra hermanita y, aún así, sólo aceptaríamos a regañadientes.
Todos los presentes rieron ante dicho comentario de los gemelos.
- Menudo par tenéis como maridos. - Le dijo entre carcajadas Harry a Angelina y a Katie Bell. - Pues, Judith está encantada con vosotros. Dice que sois muy divertidos y se lamenta de no haberos conocido antes.
- Nosotros nos compadecemos de ella. - Dijeron sonrientes Fred y George. - La "pobrecita" no sabe elegir marido. - Dijeron con ironía.
- ¡Fred y George, dejad de atosigar a Harry! - Les ordenó Molly. - Harry, acelérate.
- Molly, cariño, tranquilízate. - Le aconsejó Arthur.
- ¿Sabéis a quién me recuerda Judith? - Preguntó Lupin de repente.
- ¿A quién? - Preguntaron todos con interés.
- A Lily y también siento como si en ella se condensasen Ginny y Hermione. - Dijo Lupin con cierta nostalgia.
- Judith siempre está rodeada de libros y papeles. - Dijo Harry con ironía mientras se abrochaba los botones del chaleco.
- Por cierto, a quien nunca me imaginé que iba a estar en tu boda era a Draco Malfoy y, además, como testigo de la novia. No es el mismo de Hogwarts. - Observó Lupin.
- Cambió mucho cuando conoció a Valle y a Judith, quien lo introdujo en su familia como si fuese un hermano más suyo. - Aclaró Harry.
En ese momento Harry recordó cuando se volvió a encontrar con Draco después de más de cuatro años desde que salieron de Hogwarts.


- ¡Dima! - Gritó Valle que levantó el brazo para que Judith y su acompañante se acercasen hasta la mesa donde estaba sentada con su novio.
- ¡Hola! - Saludó Judith cuando llegó. - Siento mucho el retraso.
- No hace falta que te disculpes. Sólo han sido cinco minutos. ¿Éste es el chico del que tanto me has hablado en las últimas semanas? - Preguntó Valle con bastante interés.
- Él es Harry y ellos son Valle y su novio, Draco.
- ¿Draco Malfoy? - Preguntó Harry con incredulidad.
- ¿Harry Potter? - Fue la respuesta que recibieron de Draco.
- ¿Os conocéis? - Preguntó Judith intentando romper el gélido silencio que los embargaba.
- Desde los once años y fuimos enemigos declarados durante los siete años que estuvimos en el internado. - Dijeron Harry y Draco, respectivamente.
- ¿Qué os pongo? - Preguntó el camarero que había llegado en ese momento.
- Dos tintos con blanca, dos cervezas y una ración de solomillo al whisky. - Dijo Judith.
- También nos pone una de croquetas de jamón y otra de pan de la casa de bacalao y salmorejo. - Añadió Valle.
- ¿Algo más? - Preguntó el camarero.
- De momento no. Muchas gracias. - Contestó Draco.
- Hace tiempo que no te vemos por la facultad. - Le comentó Valle a Judith.
- Y casi no paras en casa. - Añadió Draco. - Empezamos a dudar de que vivas en ella. - Comentó con una sonrisa.
- Es que he estado muy ocupada entre el trabajo, las clases... - Dijo Judith casi sin aire.
- No sé como sacas tiempo para tantas cosas si nunca has sabido organizarte. - Comentó Draco con ironía.
- ¿Sigues con las prácticas? - Preguntó Valle.
- De momento sí. Harry viene mucho a verme a la Catedral.
- Si no hubiese sido por Judith, no me hubiese quedado en Sevilla, sólo estaba de paso. Comentó Harry. - Es una magnífica guía y me está ayudando mucho con el español.
- ¿Y qué tal los exámenes? - Le preguntó Draco a Judith.
- Los resultados han sido bastante buenos. ¿Y a vosotros? - Preguntó Judith con interés.
- Igual que siempre, buenos resultados. - Dijeron Draco y Valle, respectivamente.
- Nunca creí que te iba a encontrar en Sevilla. - Le dijo Harry a Draco.
- Pues vivo en Sevilla desde los dieciocho años, estoy en quinto de Derecho y llevo cuatro años de relación con Valle. Además, dejé de ser un Malfoy a los pocos meses de abandonar Inglaterra para ser un miembro más de la familia Yorkshire Quesada. - Informó Draco.
- Te veo muy cambiado aunque en séptimo ya no eras el mismo. - Comentó Harry.
- Ése fue el curso en el que mi peor enemiga se convirtió en una persona muy especial, sin embargo, Ron, tú y yo no nos podíamos ni ver. - Aclaró Draco.
- ¿Qué sabes de Hermione? - Preguntó Harry.
- Dejó a Ron por un chico argentino y ahora vive en Buenos Aires. No sé nada más. - Dijo Draco con tristeza.
- Pues ya sabes más que yo. - Añadió Harry. - ¿Sigue manteniendo el contacto con ella?
- Ya no. - Contestó Draco con pesar. - Desde que vino con Leonardo a Sevilla durante su luna de miel no he vuelto a saber nada de ella.
- ¿Vosotras conocéis a Hermione? - Preguntó Harry.
Valle y Judith asintieron con la cabeza."

Elena Velarde 
Enero - Febrero 2006 (corregido en octubre de 2010)

21 nov 2012

Experiencias literarias



A Mª Ángeles Guerrero por transmitirme
su pasión por la historia y la literatura
cuando yo tan sólo era una niña.



"Estoy escribiendo este ensayo en un apartamento a pie de playa mirando el horizonte y escuchando las olas al romper. Esto siempre me ha inspirado y siempre he disfrutado creando personajes e imaginando historias observando el mar.
Me gusta leer, sobre todo, en la cama, en la playa y en el sofá. Otros sitios donde también se puede hacer y abstraerse es en el coche, el autobús, el metro, el tren, el avión, el aeropuerto e, incluso, en la biblioteca. Soy de esas personas que estudian mejor en una biblioteca que en su casa. Cuando tengo que estudiar, me consuelo al observar a otros que están en mi misma situación. Me queda un solo curso para licenciarme en Historia pero me encantaría poder estudiar Literatura.
Hace unos días se estrenó la sexta película de Harry Potter. Supongo que la veré pero ya me resulta bastante cansina dicha historia. Seguramente algún día lea el séptimo libro pero me decepcionó mucho que cuando se publicó en inglés hace un par de años la literatura se convirtiese entonces en sinónimo de markéting.
Cuando leo una novela, tiendo a leerme por encima algunas páginas posteriores e, incluso, el final. A veces me leo sólo determinados fragmentos de una novela que después me leeré o que ya me haya leído con anterioridad. A pesar de hacer esto, disfruto leyendo esas novelas aunque me adelante en mis lecturas y haya pasajes que me lea dos o más veces. Cuando leo me fijo en si hay o no erratas, si están bien escritas y/o traducidas, el estilo y en mil detalles más porque así se aprende tanto a leer como también a escribir.
Cuando he de elegir un nombre para un personaje hago tres listas: una de nombres masculinos, otra de nombres femeninos y una última de apellidos aunque añado una cuarta de patronímicos si se trata de nombres rusos. Suelo buscar los nombres en Internet, revistas, libros, periódicos, apuntes de clase e, incluso, hasta en la agenda del móvil. Hago listas para nombres españoles, vascos, italianos, rusos, suecos, ingleses, etcétera, ya que depende de donde sean los personajes. De estas listas escojo los nombres completos de los personajes, las acabo rompiendo y después de un tiempo las rehago. En el siguiente párrafo pondré ejemplos de nombres de personajes.
Nombres y apellidos españoles que he usado son Pablo Cid de Maria, Mariana Quesada, Sandra Mendoza Coronel y Paloma Vasco Gallego. Entre los vascos estarían Edurne Ibarguren, Iraide Zabalegi, Maider Aritztondo Isturitz y Gorka Goikoetxea. De nombres rusos destacaría Iván Kuptsov, Aliena Vitrichenko, Leysana Timoshenko, Irina Sitnikova, Vera Nekrasova y Vladimir Ulianov. Nombres ingleses serían Ashley Knightley y Emily Tudor.
Los lugares donde se ambientan las novelas también son importantes. Mi primera novela centra su acción principalmente en Punta del Este (Uruguay) e Igarka, que es una ciudad que se encuentra en el norte de Siberia y que encontré mirando con detenimiento un mapa de Rusia que vi en un atlas. La acción de la segunda se desarrolla entre Sevilla y Londres y la tercera de momento sólo en la Costa Cantábrica en general y en particular en Llanes, Bustio y Bilbao. La primera de estas localizaciones es una villa medieval del oriente de Asturias, la segunda es un pequeño pueblo pesquero de Asturias en el límite con Cantabria y la tercera es la capital industrial del País Vasco.
La mayoría de las personas que son sólo lectoras suelen pensar que las novelas se escriben con bastante facilidad y que son sólo fruto de la inspiración pero cuando además de leerlas la escribes, la perspectiva cambia y valoras todo el trabajo que hay detrás de una novela. No es fácil crear una historia que sea original, creíble y atractiva en todos sus aspectos y esto suele traer más sinsabores que alegrías. Entre los primeros está el miedo a la página en blanco, las continuas dudas de si merece la pena lo que se escribe, los bloqueos, el que te surja una idea pero no haya forma de contarla… Son pocas las satisfacciones pero son tan gratificantes que superan con creces todo lo anterior y hacen que merezca la pena afrontar la escritura de una novela.
Aunque no se escriba con bolígrafo o en el ordenador, se  es escritor siempre. Nunca hay que dejar de observar, escuchar y reflexionar aunque en apariencia eso no lleve a ningún lado. También es importante viajar y conocer otras culturas que te ayuden a abrir tu mente. Hay que acumular experiencias y reflexionar sobre aquellas que son ajenas a nosotros porque todo esto nos dará argumentos que después podremos reflejar sobre el papel.
Soy una persona que me exijo mucho, que tengo mucho afán de superación y que busco la perfección en todo lo que hago pero soy muy insegura y tiendo a minusvalorarme. Digo esto porque me cuesta mucho creer que yo escribo tan bien como me han comentado más de una vez. Quien me ha leído dice que transmito mucho a través de las palabras escritas pero en mi vida diaria casi nunca muestro mi sensibilidad, que es bastante alta, porque no me gusta que los demás vean que también soy frágil.
Después del parón del Año Erasmus, recupero la escritura de este ensayo siendo ya licenciada aunque aún no oficialmente. Esto no significa que en estos meses haya abandonado a mi yo escritor, sino todo lo contrario, a pesar de que casi no he escrito, ya que me he dedicado a documentarme con ayuda de Internet. Si sabes lo que buscas, Internet y la Wikipedia se pueden convertir en tus aliados sin olvidar lo que te puede aportar la literatura, el día a día, etcétera.
Una de las primeras cosas en la que maduré y cambié en los primeros meses de la Erasmus fue en mi forma de ver y de comprender el proceso de escritura de una novela haciendo un importante trabajo de documentación e investigación antes de escribirla, en el que aún sigo inmersa, algo que no he hecho nunca, y que está significando un gran reto. Algo fundamental de este trabajo previo son las Fichas de personajes de una novela, en las que empecé a pensar hace un año en Peñalosa tras ver fichas de carácter arqueológico y cuya idea ocupó mis pensamientos hasta que éstos fueron monopolizados por unos expresivos y penetrantes ojos verdes, pero que tomó forma casi definitiva en Noviembre cuando hice una ficha estándar en el Word que uso para copiar y crear así documentos de cada uno de los personajes de la novela correspondiente.
Escucho las canciones cantadas en italiano por Laura Pausini en Primavera in anticipo, un regalo que me hice en Padua al mes de empezar la Erasmus tras la visita que me hicieron mis padres y mis hermanas. Sus letras me traen recuerdos entrañables como subir la persiana a las cinco de la tarde y ver que era noche cerrada, cenar a las ocho y darme cuenta de que de alguna manera había desperdiciado el día, que pasasen los días y no viese el sol, el ser de las pocas personas que empezó a salir menos y que decidió estudiar antes de Navidad, etcétera. También fue entonces cuando me sorprendí a mí misma con una forma de entender, sentir y vivir  mi faceta escritora más madura y adulta como cuando buscaba información sobre nombres propios en las Wikipedias en español, italiano e inglés, e hice la ya mencionada Ficha de personaje de una novela; cuando empecé a recuperar sueños e ideas de cuando yo era adolescente y que, por un lado, de alguna forma había abandonado pero que, por otro lado, con los años habían madurado haciendo que no me olvidase de ellas. 
Hacía mucho tiempo que una novela no me emocionaba de verdad hasta hace un par de semanas cuando en el viaje de Asturias a Sevilla me leí gran parte de En vísperas de Iván Turgueniev. Fue otra novela de este autor titulada Primer amor mi primera aproximación a la literatura rusa pero cuando la leí con trece años me gustó más bien poco. Ha tenido que pasar una década para que me volviese a acercar a Turgueniev pero esta vez me ha encantado la obra que he leído y la historia de amor de Yelena e Insarov es una de las que más me ha llenado.
Ayer (13 de septiembre) por la tarde tirada en el sofá me terminé de leer el séptimo libro de Harry Potter que me compré hace justo una semana (7 de septiembre) al verlo en la Casa del Libro. Sé que lo que a continuación escribiré en este ensayo contradice lo que habéis leído más arriba al inicio de éste. También sé que lo podía haber tachado pero no lo he hecho porque era así como pensaba el 18 de Julio del año pasado – que fue cuando escribí ese párrafo – y todavía pienso que el markéting en la literatura no es bueno. También sé lo que escribí en la última frase del ensayo Harry Potter visto por una veinteañera y debo decir que ahora pienso al revés, es decir, que considero mejor escritora a J. K. Rowling que a J. R. R. Tolkien.
Ya no pensaba ni comprarme ni leer Harry Potter y las reliquias de la muerte hasta que a principios de este mes de Septiembre me releí mis fragmentos favoritos del sexto libro de Harry Potter y tras haberme leído en Agosto Noviazgo y matrimonio de Anthony Trollope, cuyo estilo me gustó por su agilidad, por sus concisas descripciones y su forma de contar historias de amor. Tanto con En vísperas como con el séptimo libro de Harry Potter ha sido la primera vez que no me he adelantado en mis lecturas, sino que he preferido que ellas mismas me sorprendiesen  me sedujesen con cada frase escrita.
A medida que avanzaba en mi lectura de Harry Potter y las reliquias de la muerte admiraba más a J. K. Rowling aunque también debo decir que admiro mucho también a la traductora de Harry Potter de la editorial Salamandra, quien ha hecho un gran trabajo desde mi punto de vista. Admiro a Rowling como nunca pensé que iba a hacerlo y lo hago después de llevar meses documentándome e intentando escribir esa novela con la que llevo soñando más de una década pero me da la sensación de que avanzo muy lento. Ahora valoro mucho como Rowling ha logrado escribir una novela de más de tres mil páginas dividida en siete tomos a lo largo de diecisiete años y que ésta se hubiese convertido en el fenómeno literario más importante del cambio de milenio, sobre todo, a partir del cuarto libro. No ha debido ser fácil escribir su historia sobre Harry Potter de los tres últimos libros – y sobre todo del séptimo – sin verse afectada por los fanfictions y los rumores sobre los que sus lectores debatían en los foros que encontramos en Internet. Por último, ¿cómo iba a sospechar Rowling que gracias a aquella idea que tuvo en un viaje en tren de Manchester a Londres hace ya veinte años y que escribió a manos en diferentes cafeterías de Edimburgo se convertiría en una de las sagas más importantes de la literatura fantástica y que gracias a los siete libros que la componen muchos niños y adolescentes conocieron el placer por la lectura aunque otros lo hayan hecho con la saga de Crepúsculo de Stephenie Meyer como, por ejemplo, mi hermana pequeña, que tiene ya quince años?
Rowling ha declarado que su libro favorito de Harry Potter es el último y para mí ha sido igual, seguido por el sexto, haciendo de éstos mis dos libros favoritos de toda la saga. Son dos libros con una importante carga de sentimientos y emociones donde los primeros amores y la amistad juegan un papel muy importante. Lo más interesante del séptimo para mí es el viaje por la isla de Gran Bretaña de los tres protagonistas (Harry, Ron y Hermione) – haciendo que Hogwarts sólo aparezca en los últimos capítulos – que significa una importante prueba para su amistad y para sí mismos y donde se ve una gran madurez tanto en el propio estilo de la escritora – sin olvidarnos de la traductora para quien lo hayamos leído en español – y del trío protagonista. Digo trío porque tan protagonista es Harry Potter como lo son sus dos íntimos amigos: Ron Weasley y Hermione Granger, quienes en el séptimo libro son dos piezas clave aunque los siete libros estén narrados desde el punto de vista de Harry, lo que tiene su mérito.
Es verdad que antes de leer Harry Potter y las reliquias de la muerte ya tenía información sobre la trama pero eran meros datos que no le han restado interés a la lectura aunque por suerte no he leído nada acerca de la película, que se estrenará en unos meses hasta que no he terminado el libro. Es un error pensar que no vamos a disfrutar de un libro por tener información acerca de éste y de su final porque entonces rechazaríamos leer aquellos clásicos que hemos estudiado en el colegio, de los que hayan hecho versiones cinematográficas o televisivas que ya hayamos visto… como pueden ser Cumbres Borrascosas, Madame Bovary, Anna Karenina o El Señor de los Anillos ni me habría podido leer La hija del capitán de Pushkin dos veces. He disfrutado del séptimo libro de Harry Potter por el gran número de giros de la trama que desconocía y que me han sorprendido; por los detalles que tan importantes son en la literatura pero también en la vida; por el crecimiento psicológico de los protagonistas y por aquellos retos que le han puesto a prueba a cada uno de ellos pero también a su amistad e, incluso, al amor entre Ron y Hermione; por ser una de las pocas donde la amistad tiene suma importancia convirtiéndose en uno de los ejes del libro; por no centrarse en Hogwarts y mostrar a través de descripciones los diferentes paisajes que podemos encontrar en Gran Bretaña siendo la mejor la que mencionaba olas, mar, acantilados…; porque narra un viaje que es un reflejo de superación y madurez; y por muchas más cosas. Quizás lo que no me ha gustado mucho ha sido el epílogo de la saga, que  según tengo entendido escribió Rowling hace veinte años, seguramente porque me lo esperaba diferente, ya que la mayoría de los fanfictions que he leído relataban el último año o la vida ya fuera de Hogwarts que escribieron fans de Harry Potter y que colgaron en Internet, pero es el final que ha decidido la autora y que ella más apropiado ve para poner punto y final a su novela.
¿Quién me iba a decir a mí que volvería a disfrutar leyendo Harry Potter y fanfictions de dicha saga después de tres o más años? ¿Quién se atrevería a decirme cuando empecé tercero de Historia que al licenciarme volvería a estar frente la pantalla del ordenador leyendo fanfictions en Internet y no buscando información sobre asuntos muy diversos que nada tienen que ver con Harry Potter? Hace cinco o seis años descubrí Fanautores y en esa página leí mis primeros fanfictions, que ahora quizás me aburrirían, pero hará ya más de tres años que dejó de existir siendo suplantada por la página actualmente conocida como Potterfics donde leí el Dramione titulado Cicatrices aunque pronto me olvidé de ella. Hace unos días la redescubrí y ya he leído algunos fanfictions y he descubierto que es una web madura donde se fomenta la escritura creativa y se persigue el plagio teniendo que mencionar a qué autor/a pertenecen los personajes, los lugares, las ideas… que se pueden coger prestados para escribir un fanfiction, que aún así ha de ser una historia original, algo difícil pero que cada escritor logra gracias a su propio estilo, sus experiencias y la visión personal que tenga de la vida.
En más de un libro para aprendices de escritores, en más de un artículo escrito por un escritor consagrado, etcétera recomiendan que hay que leer de todo tanto literatura mala como buena. La mala te enseñará que errores no has de cometer y la buena te ayudará a mejorar. También te recomiendan leer a clásicos, a escritores contemporáneos consagrados, a aquellos menos conocidos, a noveles y a los aficionados porque de todos puedes aprender y mucho. Vivimos una época donde la literatura ya no sólo la puedes encontrar en bibliotecas y librerías, sino también en Internet. En mi reencuentro con los fanfictions he leído historias mal escritas pero también he leído otras que me han sorprendido de lo bien escritas que están, de lo mucho que pueden llegar a emocionarme y que superan a aquellas que consideraba bien escritas y que tanto me gustaron leer hace cuatro o cinco años en Fanautores. No me avergüenzo al reconocer que leo fanfictions porque algunos de ellos – los que más me están gustando y llenando – me están dando ideas para la novela que tengo en mente que aparentemente poco tiene que ver con Harry Potter.
Si uno de los objetivos de los escritores es escribir sobre el mundo que les rodea y la época en la que viven, los del siglo XXI si quieren ser fieles a su día a día no pueden negar las nuevas tecnologías en sus novelas. Éstas ganarán en matices al mencionar en sus páginas las redes sociales (Tuenti, Facebook, Twitter...), los e-mails, los móviles, Youtube o Cinetube, los foros, los blogs, el Messenger, los chats, la TDT, etcétera y, además, se acercarán al lector actual. Hay historiadores que dicen que desde los años ochenta pero, sobre todo, a partir del 2000 estamos viviendo la que sería la III Revolución Industrial o Revolución Tecnológica y que en diez años gracias a los avances de la informática, la telefonía e Internet ha cambiado mucho más profundamente a la sociedad – aunque aún no seamos conscientes de todo esto – que las anteriores revoluciones que ha vivido la humanidad.
Conozco pocos libros que no estén dedicados a una persona, un lugar, etcétera. A día de hoy sólo he escrito dos dedicatorias: la de este ensayo a una profesora mía de literatura de cuando yo estaba en el colegio y que fue un gran apoyo cuando di mis primeros pasos en el terreno de la escritura, y la de mi tercera novela a mi mejor amigo. 
Nací el mismo día – un 19 de enero – que el escritor estadounidense Edgar Allan Poe. Hice un pequeño trabajo sobre él cuando estaba en segundo de Bachillerato y leí algunos de sus cuentos de terror, que he de reconocer que me gustaron. Juan Manuel de Prada en un artículo titulado Poe y publicado en XLSemanal el 1 de febrero de 2009 dice que Poe fue un escritor que refundó la literatura, sobre todo, la fantástica y también la terrorífica. Recuerdo que mi primer acercamiento a Poe fue a través de su poema Annabel Lee – que seguramente disfrutaré si lo vuelvo a leer – que servía para contar una historia de amor, que era el contexto de un reportaje de moda de un número de Ragazza, aunque no recuerdo la estación que reflejaba, de principios de siglo.
Hace un par de años más o menos descubrí el placer de ir a una librería – ya sea la Casa del Libro en Velázquez o Beta en el antiguo Teatro Imperial en la calle Sierpes – y dejar pasar el tiempo estando concentrada mirando los títulos, los precios, las portadas y leyendo las contraportadas de los libros de bolsillo. Éstos en los últimos años se han convertido en un fenómeno literario debido al ahorro que suponen respecto al formato tradicional y a la comodidad que conlleva su pequeño tamaño. Cada vez que voy a la librería, acabo comprando uno, dos, tres o más libros de bolsillo y que hasta ahora han sido todos clásicos de la literatura rusa del XIX con alguna excepción del XX. Su letra es más pequeña y casi no hay separación entre las líneas pero tienen la ventaja de poder guardarlos en un bolso que no sea demasiado grande y que pesan más bien poco pudiendo leerlos en cualquier parte."

Elena Velarde
18 julio 2009 - 27 noviembre 2010